El reto de crear futuros ciudadanos globales

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Formar ciudadanos globales no solo es sinónimo de competitividad, sino también de apertura y de tolerancia, entre otros valores que mejoren a la humanidad. La pregunta es, ¿cómo lograrlo?, en Latinoamérica, ¿qué ejemplos podemos seguir?

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Los científicos sociales y expertos en temas de interculturalidad coinciden en que los primeros años de vida de una persona son trascendentales para la formación de sus valores culturales. Entendemos como valores culturales a ese conjunto de normas y suposiciones compartidas que se van adquiriendo mediante la enseñanza y la imitación. Esas normas y suposiciones compartidas nos permitirán más adelante formar parte de un grupo humano (sociedad), pero también sobre esa base de valores se orientarán nuestras conductas y definiremos que es lo malo, bueno, ético y que debe ser aceptado socialmente.

Es en esta etapa temprana de la vida de un niño, el contacto con la familia y la educación formal básica (educación primaria) definirán los valores que más adelante constituirán la base sobre la cual los futuros ciudadanos guiarán sus acciones. Los cambios en valores culturales nunca son coyunturales, es por ello que toma varias generaciones cambiar el modo de pensar y actuar de toda una sociedad, y ese proceso debe iniciarse en los niños. En otras palabras, la educación básica puede convertirse en un arma poderosa para el cambio de mentalidad.

Un cambio valiente para Latinoamérica

En sociedades como la latinoamericana, donde el machismo genera violencia y se traduce en el aumento de feminicidios, consideramos que un cambio real puede iniciarse incorporando en la educación básica valores para erradicar la violencia contra la mujer. Mientras los políticos y líderes sociales están más enfocados en aumentar las penas para estos casos sin concentrarse en la problemática de la situación, será difícil pensar en un futuro mejor para nuestras sociedades. Decisiones de este tipo implican cambios más profundos pero que requieren una mayor inversión en tiempo, por lo tanto, con menos rédito político inmediato.



Hoy que sabemos que Japón ha iniciado un programa piloto llamado "cambio valiente" (Futoji no henko), el cuál ha sido el resultado de un análisis y mejora de los sistemas educativos que ya funcionaban con éxito en otras partes del mundo como Erasmus, Grudtvig, Monnet, Ashoka y Comenius. Lo interesante es que el objetivo principal del programa es "crear ciudadanos del mundo" que sean capaces de entender y aceptar las diferencias culturales de otras sociedades. Para lograr ello se propone un cambio en la metodología educativa, por ejemplo, se eliminan las tareas para la casa. También se han reemplazado una gran cantidad de cursos tradicionales por solo cinco materias que engloban el conocimiento suficiente para lograr los objetivos del programa. Los cursos para desarrollar conocimientos básicos son: aritmética de negocios, lectura, civismo y computación, adicionalmente, hay un quinto curso orientado a generar una apertura hacia otras culturas que incluye el estudio de los idiomas, alfabetos y religión de cuatro culturas (japonés, americana, china y árabe). El programa también contempla visitas a familias pertenecientes a estos países durante las vacaciones. 

Podemos señalar que este plan piloto busca revolucionar el sistema educativo básico (primario) mundial, que sin duda permitirá que los japoneses en unos años estén mejor preparados para liderar organizaciones y empresas transnacionales, pero, sobre todo, estas modificaciones buscan formar los cimientos de una sociedad más abierta a las diferencias culturales, tolerante y más comprometida con los problemas que afronte la humanidad en su conjunto.

Los países latinoamericanos nos encontramos lejos de la realidad económica y social que viven los países llamados del primer mundo. Con este cambio en su sistema educativo, la distancia entre los futuros ciudadanos japoneses y nuestros jóvenes se hará aún más grande, y dónde ellos serán capaces de entender la dinámica global que mueve al mundo, nosotros seguiremos concentrados en nuestros problemas domésticos y dándole la espalda a la realidad virtual. Es seguro que el resto de los países del primer mundo seguirán el ejemplo japonés para no verse desplazados en el liderazgo mundial en un futuro cercano.

¿Estamos dispuestos los países latinoamericanos a aceptar el reto e iniciar una revolución de la educación inicial básica? Es el futuro del continente lo que está en juego, y la posibilidad de que nuestros hijos puedan ser competitivos en un mundo global, así como empezar a generar valores de apertura y tolerancia para buscar todos juntos una mejor humanidad.

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