Agro peruano 2026: el motor que acelera la economía y conquista mercados globales

Agro peruano 2026: el motor que acelera la economía y conquista mercados globales

¿Puede el agro peruano convertirse en el verdadero protagonista del crecimiento económico en 2026?

Las cifras apuntan a que sí. El sector no solo muestra recuperación, sino una evolución hacia cultivos de alto valor y una fuerte orientación exportadora que redefine su rol en la economía. En este escenario, la competitividad ya no depende solo de producir más, sino de construir valor a través de tecnología, sostenibilidad y marca país. 

Luis Quirós Rossi, director de la Maestría en Administración de Agronegocios de ESAN, analiza en este artículo de Infobae cómo el Perú está pasando de ser un exportador eficiente a un actor estratégico en los mercados globales.

 

Compartir en: FACEBOOK LINKEDIN TWITTER WHATSAPP

La actividad agrícola del Perú inició el 2026 con indicadores que no solo reflejan recuperación, sino también consolidación como uno de los pilares del crecimiento económico. De acuerdo con el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), durante el primer bimestre del año el sector agropecuario creció 2.4% respecto al mismo periodo de 2025, impulsado principalmente por la actividad agrícola (+2.9%), mientras que el subsector pecuario avanzó 1.8%. Más allá del dato, estas cifras revelan un sistema productivo que ha ganado resiliencia y capacidad de adaptación.

Según reportes difundidos por El Comercio, cultivos como la palma aceitera registraron un incremento de 49.9%, seguidos por el arándano (+21.2%) y la palta (+14.4%). Este comportamiento confirma una tendencia estructural: el crecimiento del agro peruano está cada vez más vinculado a cultivos de alto valor y orientación exportadora, donde la gestión tecnológica, la eficiencia hídrica y la articulación comercial marcan la diferencia.

El motor de las agroexportaciones

El motor del sector sigue siendo el desempeño de las agroexportaciones. Según cifras oficiales de Midagri recogidas por la agencia Andina, las exportaciones agrarias alcanzaron los US$ 2,220 millones en el primer bimestre de 2026, con un crecimiento de 6.7% frente al mismo periodo del año anterior. Este resultado consolida al Perú como un proveedor confiable dentro de las cadenas globales de alimentos, en un contexto internacional marcado por la volatilidad climática y las exigencias crecientes de los consumidores.

El 93.6% de esta oferta corresponde a productos no tradicionales (US$ 2,079 millones), lo que evidencia una transformación profunda: el Perú ha dejado de competir únicamente en volumen para empezar a competir en valor. Las uvas frescas lideran con US$ 676 millones (32.5%), seguidas por arándanos, mangos y paltas. No obstante, el verdadero diferencial competitivo no está en el producto en sí mismo, sino en cómo se construye su propuesta de valor.

Redefinimos el juego: Perú es marca

En mercados internacionales, los alimentos ya no se compran solo por precio o disponibilidad, sino por atributos percibidos: origen, sostenibilidad, trazabilidad e impacto social. En otras palabras, el consumidor no compra una palta; compra seguridad alimentaria, responsabilidad ambiental y una historia creíble detrás del producto.

Este cambio obliga a repensar la estrategia del agro peruano. No basta con ser eficientes en producción; es necesario ser consistentes en la narrativa. Países competidores como Chile o Nueva Zelanda han entendido esto con claridad, posicionando no solo sus productos, sino sus sistemas productivos como marcas confiables. El Perú tiene una ventaja natural (diversidad, contraestación y calidad), pero aún tiene espacio para convertir esa ventaja en una identidad sólida y coherente

Incluso en las exportaciones tradicionales, que crecieron 60.8% (US$ 141 millones), impulsadas por el café (+71.9%), el desafío es el mismo. El café peruano no compite únicamente por volumen, sino por historia, origen y diferenciación. Cada vez más, el valor se captura en la construcción de marca, no en la transacción.

Desafío: posicionamiento y transformación tecnológica

El 2026 encuentra al agro peruano en una posición expectante. El siguiente salto no será solo productivo, sino estratégico y tecnológico. La oportunidad no está únicamente en exportar más, sino en posicionar mejor y apalancarse en herramientas digitales que permitan mayor trazabilidad, eficiencia y conexión con el mercado. En ese escenario, el verdadero desafío es claro: pasar de ser un país que produce alimentos a ser un país que construye marcas agroalimentarias con significado global, respaldadas por datos, innovación y tecnología.

Porque en el mercado actual, quien no construye marca ni integra tecnología compite en precio. Y, en el largo plazo, esa es una carrera que nadie gana.

Lee la nota completa aquí