
Los hospitales públicos en el Perú enfrentan una paradoja: cuentan con infraestructura, equipamiento y personal para atender a una demanda creciente, pero aun así mantienen largas listas de espera, cirugías suspendidas y camas bloqueadas. Esta situación no siempre responde a una falta de recursos, sino a la forma en que estos se gestionan. Cuando cada servicio busca maximizar su propia productividad, el resultado puede ser una mayor acumulación de pacientes y procesos pendientes.
En ese sentido, la teoría de restricciones (TOC, por sus siglas en inglés) plantea como alternativa identificar el punto que limita el flujo de todo el sistema y orientar los recursos hacia su aprovechamiento. La aplicación de esta mirada en un hospital categoría II-2 del Ministerio de Salud (MINSA) permite priorizar la resolución clínica del paciente por encima de la productividad aislada de cada servicio.
Las listas de espera, las cirugías programadas que se suspenden y las camas ocupadas por pacientes que aún no completan su proceso de alta son señales de un problema sistémico. La TOC propone identificar qué punto del proceso limita la capacidad del hospital para transformar sus recursos en resoluciones clínicas. Bajo esta lógica, el indicador vital no es solo el número de consultas o procedimientos realizados, sino el flujo de pacientes que alcanzan una resolución efectiva.
Para un hospital categoría II-2 del MINSA, este análisis puede situar al centro quirúrgico como una restricción crítica, debido al valor resolutivo de las intervenciones que concentra y al impacto que tienen las suspensiones y los tiempos muertos sobre el resto del sistema. Para confirmarlo, se requiere medir las horas-quirófano utilizadas de forma efectiva, las cirugías suspendidas y sus causas, y el tiempo de rotación entre pacientes.
La intervención se estructura mediante los cinco pasos de enfoque de la TOC y toma como restricción principal el centro quirúrgico, porque concentra decisiones de alto impacto y cualquier diferimiento puede aumentar el costo clínico y social para el paciente, su familia y el propio hospital.
Un último punto que debe tomarse en cuenta es el rol del médico residente de Administración y Gestión en Salud como agente de cambio, al combinar su conocimiento clínico con herramientas de gestión para identificar restricciones, medir resultados y promover mejoras de bajo costo. Su aporte no dependerá solo de la autoridad jerárquica, sino de la evidencia que genere. Así, puede contribuir a reemplazar los óptimos locales por una gestión orientada al flujo de resolución.
Este artículo fue elaborado en el curso Análisis de la Situación Actual de las Instituciones de Salud de la Maestría en Gerencia de Servicios de Salud de ESAN. Conoce más del programa aquí.
Waldo Alberto Cateriano Zúñiga
Médico Residente de Administración y Gestión en Salud por la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH). Maestría en Gerencia de Servicios de Salud por ESAN Graduate School of Business. Cuenta con Diplomado en Auditoría Médica basada en la Evidencia por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) y Diplomado en Salud Ocupacional por la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (UNSA). Médico Cirujano por la Universidad Católica de Santa María de Arequipa.
Cuenta con experiencia en el sector salud en los ámbitos asistencial, ocupacional y de gestión sanitaria dentro de instituciones públicas y de la seguridad social. Se ha desempeñado como Médico en Salud Ocupacional en el Ministerio Público - Fiscalía de la Nación, Médico Asistencial en el Seguro Social de Salud (EsSalud) y Médico SERUMS en el Ministerio de Salud del Perú (MINSA). Asimismo, ha ejercido funciones de representación estudiantil como miembro de la Asamblea Universitaria y del Consejo Universitario de la Universidad Católica de Santa María.