¿Cómo se toman decisiones bajo presión y en medio de una crisis?

¿Cómo se toman decisiones bajo presión y en medio de una crisis?

Miguel Antezana, coordinador académico del Diploma en Comunicación Corporativa de ESAN, explicó en Stakeholders que la gestión de crisis es una prueba real de coherencia donde la cultura organizacional es el factor determinante entre la supervivencia y el desastre. Antezana analizó casos emblemáticos para ilustrar cómo la confusión entre liderazgo y "dictadura empresarial", puede provocar serias consecuencias reputacionales y de negocio. 

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La toma de decisiones en crisis dejó de ser un ejercicio teórico para convertirse en una prueba real de coherencia y preparación. Lo que antes se discutía con calma hoy exige respuestas inmediatas, sustentadas en datos verificables y un liderazgo claro. 

Cultura organizacional: donde nacen - o fallan - las decisiones

Detrás de cada crisis hay una cultura organizacional que sustenta o debilita la capacidad de respuesta (...).

Para Miguel Antezana, coordinador académico del Diploma de Especialización en Comunicación Corporativa de ESAN Graduate School of Business, el liderazgo es decisivo en momentos de presión: “Si la cultura organizacional no tiene pilares claros, esas carencias se reflejan directamente en la respuesta ante una crisis. El presidente del directorio debe ser un líder que, acompañado de los mejores profesionales, tome de decisión óptima en el momento oportuno”. 

Simulaciones, war rooms y la ingeniería de la anticipación

Prepararse para lo improbable ya no es opcional, sino un componente esencial de la gobernanza moderna. (...). 

Miguel Antezana recuerda que ningún mecanismo de simulación será realmente últil si detrás no existe un equipo multidisciplinario capaz de reconocer que la crisis es un factor permanente, no una excepción. Solo así la organización puede responder con coherencia cuando la presión aumenta. 

Empresas en la cornisa: lecciones de la crisis recientes

A escala internacional, Antezana identifica dos hitos que se han vuelto paradigmas. En Volkswagen, el diesel gate expuso una cultura donde el liderazgo terminó confundido con el autoritarismo corporativo; en Odebrecht, el esquema de corrupción sistémica reveló hasta qué punto las malas prácticas pueden institucionalizarse. En ambos casos, sostiene, la falta de controles éticos fue determinante. “En el caso de Volkswagen se confundió el liderazgo con una dictadura empresarial, mientras que en Odebrecht se institucionalizaron las malas prácticas”.