
En un contexto donde los consumidores exigen mayor transparencia, las promesas ambientales sin respaldo pueden convertirse en un riesgo para la reputación y la confianza. El greenwashing no solo expone a las empresas a cuestionamientos éticos, sino también a sanciones y pérdida de credibilidad. Enrique Louffat, profesor principal en los Programas en Administración del MBA, Maestrías Especializadas y de Educación Ejecutiva de ESAN, analizó en Gestión cómo identificar estas prácticas y por qué la sostenibilidad debe ir más allá del discurso corporativo.
El término greenwashing es la combinación de dos palabras en inglés: green (verde) y washing (lavar), haciendo referencia al lavado verde de la imagen corporativa. Se originó en la década de 1980 por ambientalistas, como el estadounidense Jay Westerveld, quienes descubrieron prácticas de comunicación y publicidad engañosas por parte de empresas que decían actuar a favor de la protección del “mundo verde ecológico”, pero que en la realidad no aplicaban dichas prácticas. No está de más citar que los antecedentes sobre este tema se originaron en los años sesenta con el movimiento ecologista, donde el periodista Jerry Mander notó esta práctica antiética en algunas empresas, llegando a denominarla como ecopornografía.
Autores considerados referentes en el tema son Magali Delmas y Vanessa Cuerel, con su artículo The Drivers of Greenwashing, integrando factores ambientales, organizacionales y de mercado; Benoit Parguel, enfocado en publicidad ambiental engañosa; Thomas Lyon, relacionando el greenwashing corporativo y la regulación ambiental; Yu-Shan Chen, desarrollando el concepto de green brand equity y su relación con el greenwashing; Matthew Spaniol, analizando la evolución conceptual del greenwashing; y la organización TerraChoice Environmental Choice, identificando las siete prácticas típicas del greenwashing.
El diccionario de inglés Oxford lo conceptualiza como «desinformación diseminada por una organización para presentar una imagen pública respetuosa del medioambiente».
El greenwashing es una práctica antiética de empresas que pregonan su máximo respeto por la protección del medio ambiente, la naturaleza, la vida y la ecología para mejorar su reputación y sus ventas, pero que en realidad es solo una apariencia falsa, ya que en el fondo no es real, pues sus productos y/o acciones empresariales no cumplen con los estándares o requisitos de certificaciones de calidad sobre la materia, que incluyan valores y prácticas de protección honesta en ética empresarial, responsabilidad social, biodiversidad, cambio climático, energías renovables, entre otras.
La organización Greenpeace ha determinado diversos tipos de greenwashing (fuente: Greenpeace, campaña «Stop Greenwashing»):
Algunos rasgos que pueden generar sospecha sobre la práctica de greenwashing son los siguientes: si se omiten datos o características, si no hay certificaciones sobre el producto, si se propone información vaga, confusa o dudosa, si se emplean etiquetas falsas, o si se presentan mensajes engañosos que ocultan impactos y consecuencias graves.
Algunos ejemplos que pueden citarse son: el caso Volkswagen, que en 2015 instaló un software para manipular las pruebas de emisiones de sus vehículos diésel, descubriéndose que en realidad emitían contaminantes hasta 40 veces más de lo permitido; el caso Beyond Petroleum, que publicitaba energías renovables en sus campañas, pero cuya mayor inversión se realizaba en combustibles fósiles. En el Perú, un caso de greenwashing sancionado por Indecopi con 6 UIT ocurrió en el año 2019, cuando la empresa Intradevco Industrial S.A. promocionó los empaques de su producto Sapolio limpiavidrios como biodegradables y no contaminantes, lo cual no era cierto. Las pruebas e informes técnicos presentados en su defensa no fueron aprobados por Indecopi.
Algunas razones por las cuales resulta muy importante evitar el greenwashing para las empresas son las siguientes:
Del mismo modo, resulta importante para los Estados, pues les permite desarrollar políticas públicas orientadas a la defensa del consumidor, formular indicadores de sostenibilidad y crear sistemas de certificación confiables.
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