
Ernesto Cuadros, director de la Maestría en Finanzas de ESAN, analizó en Gestión el consenso global de un "soft landing" para 2026, donde bancos como J.P. Morgan y BlackRock priorizan la renta fija y la gestión activa. El experto aseveró que, para que el Perú aproveche este ciclo de "alfa" (valor específico) y no dependa solo de los commodities, debe ejecutar urgentes reformas en productividad y digitalización, superando sus limitaciones estructurales.
El año 2026 se perfila como un punto de inflexión para el sistema financiero global. Tras un período prolongado de shocks —pandemia, inflación persistente, tensiones geopolíticas y disrupción tecnológica—, el consenso de los principales bancos de inversión converge en que la economía mundial transita hacia un escenario base de “soft landing”, aunque con alta dispersión de resultados y riesgos asimétricos.
Desde la perspectiva de J.P. Morgan Asset Management, 2026 será un año donde la renta fija vuelve a ofrecer retornos reales positivos, reposicionándose como un pilar estratégico de los portafolios. En renta variable, el foco se desplaza hacia equities de alta calidad, con balances sólidos y capacidad de generación de caja, en un contexto donde el beta de mercado pierde protagonismo frente a la generación de alfa.
Goldman Sachs anticipa un ciclo tardío de crecimiento moderado, con retornos accionarios de un dígito y elevada sensibilidad a shocks exógenos. La política monetaria global entra en una fase de normalización incompleta, con bancos centrales enfrentando el dilema entre sostener el crecimiento y preservar la credibilidad antiinflacionaria, especialmente en economías avanzadas con deterioro fiscal estructural.
Por su parte, Morgan Stanley enfatiza una desaceleración ordenada del ciclo económico, donde la tecnología y la inteligencia artificial continúan siendo motores estructurales de productividad, aunque con una dispersión sectorial significativa y riesgos de sobrevaloración en segmentos específicos del mercado.
Desde una óptica más estratégica, BlackRock subraya la necesidad de una asignación dinámica entre activos públicos y privados, destacando la gestión activa del riesgo macro como ventaja competitiva en un entorno caracterizado por alta incertidumbre geopolítica, endeudamiento público elevado y tensiones en los mercados laborales.
La visión de Scotiabank Canadá complementa este diagnóstico al resaltar la resiliencia inesperada de la economía global durante 2025 y su arrastre hacia 2026. No obstante, advierte que esta resiliencia está parcialmente explicada por estímulos monetarios y fiscales pasados, así como por el efecto riqueza de los mercados financieros, factores que no son indefinidamente sostenibles.
Para Perú, el entorno global abre una ventana táctica, pero también expone limitaciones estructurales. A pesar de términos de intercambio favorables y crecimiento en línea con la región, el principal cuello de botella sigue siendo la baja productividad del capital y del trabajo, lo que restringe el crecimiento potencial de mediano plazo: priorizar una agenda de reformas estructurales centrada en educación, digitalización y productividad, alineando inversión pública y privada hacia la economía digital y la adopción tecnológica, con el objetivo de elevar el crecimiento potencial y reducir la dependencia cíclica de commodities.
En un mundo donde 2026 será un año de alfa y no de beta, la capacidad de ejecutar esta agenda definirá si Perú capitaliza el nuevo ciclo global o queda rezagado frente a economías más ágiles y productivas.
Lee la nota completa aquí.