
Jhonnatan Horna, profesor del área de Operaciones y Tecnologías de la Información de ESAN, analizó en Gestión el reciente lanzamiento de la octava edición de PMBOK®, calificándolo como un profundo cambio de mindset que transita del cumplimiento rígido de pasos a una gestión centrada en la entrega de valor y la sostenibilidad.
El pasado 13 de noviembre, el Project Management Institute (PMI®) publicó oficialmente A Guide to the Project Management Body of Knowledge (PMBOK® Guide) – Eighth Edition and The Standard for Project Management, conocido sencillamente como el PMBOK® octava edición. Y no, no se trata de una simple actualización. Esta edición no solo reafirma el cambio de paradigma iniciado en la séptima edición, sino que profundiza en la transformación de la gestión de proyectos como una disciplina viva, contextual y centrada en la entrega de valor.
Como alguien que ha seguido de cerca las ediciones anteriores, y que además ha contribuido en la revisión de esta nueva edición, puedo decir con certeza que esta octava edición no se lee: se digiere. Y, cuanto más la revisas, más evidente se vuelve su mensaje: adaptarse no es opcional, y la gestión de proyectos va más allá de la aplicación de herramientas; es cambiar de mindset.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención es que esta edición no busca decirnos paso a paso “cómo” hacer las cosas. En cambio, se enfoca en “para qué” se hacen. Ya no hablamos de cumplir etapas al pie de la letra, sino de entender qué principios nos guían en cada decisión.
La octava edición trae una versión refinada de los principios que deben guiar toda práctica de gestión de proyectos. Son seis, y aunque parecen sencillos, encierran una filosofía mucho más profunda:
Estos principios son más que frases bonitas: representan el espíritu con el que deberíamos diseñar, ejecutar y cerrar nuestros proyectos. Son la esencia del arte de gestionar proyectos.
Además de los principios, el PMBOK® octava edición ajusta los dominios de desempeño, siendo ahora siete, los cuales permiten alinear y abordar los proyectos como sistemas compuestos por elementos interdependientes. Cada uno de estos siete dominios es clave, y su alineamiento genera valor en el proyecto. Lo que importa es cómo estos dominios funcionan en conjunto para generar resultados:
Estos dominios se interrelacionan, se solapan, se ajustan y se adaptan a medida que el proyecto evoluciona.
Una de las sorpresas más comentadas es el regreso de los procesos. Luego de haber sido desplazados a un lugar complementario en la séptima edición, ahora regresan como una pieza estructural, pero con una lógica renovada. No se trata de volver al pasado, sino de reconocer que muchos equipos todavía operan con frameworks basados en procesos y necesitan referencias claras.
Eso sí, ya no se presentan como pasos rígidos, sino como un sistema de valor flexible que puede ser adaptado según el contexto del proyecto. Esto reconcilia la guía con la realidad práctica, muchas organizaciones aún estructuran sus proyectos alrededor de procesos clave, y necesitaban ese lenguaje común.
Los 40 procesos se articulan con los “7 Dominios de Desempeño” y las “5 Áreas de enfoque” (inicio, planificación, ejecución, monitoreo y cierre) antes denominadas como “Grupos de procesos”. Ello pone en manifiesto la aplicación del tailoring, es decir se puede adaptar según la naturaleza, la cultura, el entorno, el contexto del proyecto, etc.
Esto es un gran aporte del PMBOK® octava edición, porque por un lado honra lo que muchos practicantes han aprendido (roles, entradas, salidas, herramientas y técnicas). Y por otro, abre la puerta a que esos procesos se adapten, cambien, mejoren. Y eso lleva a que la gestión de proyectos no sea estática, sino viva.
El PMBOK® octava edición no es solo un nuevo capítulo en la profesión de gestión de proyectos. Es una invitación a gestionar con criterio. A no seguir checklists sin cuestionar, a liderar con propósito, a entregar valor, no solo entregables. Y para quienes gestionamos equipos, recursos, incertidumbre, ese cambio de mirada puede marcar la diferencia entre proyectos que cumplen y proyectos que transforman.
Gestionar proyectos nunca fue más que cumplir plazos o entregables. Hoy, es contribuir, aprender, adaptarse, gestionar expectativas de los distintos stakeholders. Y todo ello, en esta nueva edición, queda claro.
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