
El crecimiento del sector minero dependerá de integrar competitividad y responsabilidad ambiental y social. Hay que promover proyectos ágiles, combatir la ilegalidad, gestionar mejor los recursos naturales y fortalecer la confianza entre empresas, Estado y ciudadanía.
El desarrollo de una minería más sostenible, competitiva y responsable exige mucho más que aumentar la inversión. También requiere agilizar los proyectos, fortalecer la formalización, reforzar la fiscalización ambiental, administrar de manera adecuada recursos como el agua y los relaves, y promover una relación de confianza con las comunidades para impulsar un desarrollo sostenible a largo plazo.
En la actualidad, la gran minería peruana opera bajo un sistema bien desarrollado y con estándares internacionales de calidad. Sin embargo, el reto pendiente del Estado es impulsar la disminución del tiempo que transcurre entre la concepción y la ejecución de los proyectos, a fin de generar con más rapidez los recursos necesarios para atender las necesidades urgentes de la población.
En paralelo, otro desafío consiste en fortalecer la minería formal para combatir con eficacia las actividades ilegales. Es fundamental establecer reglas claras que faciliten la formalización y reforzar los mecanismos de trazabilidad del mineral y de los recursos económicos asociados a su comercialización. Así, se podrá identificar con precisión el origen de los materiales extraídos y prevenir prácticas irregulares, como la explotación no autorizada de las concesiones mineras.
En esa línea, también debe diferenciarse con claridad las actividades ancestrales de aquellas que operan al margen de la ley. Si la minería artesanal se equipara con las prácticas tradicionales, es más difícil luchar contra la ilegalidad y sus consecuencias, como la explotación ilícita de recursos o la degradación ambiental. El establecimiento de límites precisos y el fortalecimiento de la capacidad de fiscalización son claves para proteger el patrimonio del país y el desarrollo de una actividad minera responsable.
El Perú posee un marco normativo que establece lineamientos para la gestión ambiental en la actividad minera. Sin embargo, uno de los principales desafíos consiste en garantizar que esas disposiciones se apliquen de manera efectiva en todo el territorio nacional, sobre todo en zonas donde persisten actividades ilegales y la presencia del Estado resulta insuficiente para prevenir daños al medioambiente.
Al mismo tiempo, la reducción de emisiones requiere que las buenas prácticas ambientales se extiendan a todas las operaciones mineras, sin importar su tamaño. Cada vez más empresas asumen compromisos para disminuir sus gases de efecto invernadero, pero estos esfuerzos deben complementarse con procesos responsables y el cumplimiento riguroso de la normativa, de modo que la sostenibilidad constituya un estándar para todo el sector.
La posibilidad de garantizar una gestión sostenible del agua en la minería implica fortalecer los mecanismos de supervisión y asegurar que todas las operaciones cuenten con puntos de control claramente definidos. Asimismo, se debe promover el equilibrio hídrico y evaluar el grado de reutilización del recurso, de modo que su aprovechamiento contribuya a reducir impactos sobre el entorno y las comunidades.
Este objetivo también exige que los mismos estándares ambientales se apliquen de manera uniforme a todas las operaciones, junto con planes de protección del entorno y protocolos adecuados para el cierre de minas. Así, será posible compatibilizar el aprovechamiento de los recursos minerales con la conservación del agua y avanzar hacia un desarrollo sostenible que evite plantear ambas metas como objetivos incompatibles.
Una gestión responsable de los relaves comienza con la identificación y aplicación de medidas eficaces para prevenir riesgos en todas las instalaciones destinadas a su almacenamiento. Además, el aprovechamiento de las nuevas tecnologías puede mejorar la contención y reducir los posibles impactos sobre el entorno durante toda la vida útil de una operación minera.
Del mismo modo, los planes de cierre de minas deben incorporar protocolos claros para el tratamiento de los relaves y garantizar que estos no representen un peligro para el medioambiente, una vez concluida la actividad extractiva. En ese sentido, su manejo debe basarse en criterios técnicos y evidencia objetiva para evitar que un asunto de carácter ambiental se convierta en un debate ideológico.
La construcción de una relación sólida entre la actividad minera y las comunidades requiere promover un diálogo abierto y alejado de posturas polarizadas. Al escuchar a los distintos actores involucrados y reconocer que los recursos naturales pueden contribuir al desarrollo del país, es posible llegar a consensos sobre su aprovechamiento y el destino de los beneficios que generan.
Las empresas también deben asumir un compromiso genuino con las poblaciones donde desarrollan sus operaciones. Para actuar como un buen vecino, se requiere conocer el contexto local, respetar a las personas y mantener canales permanentes de escucha. Asimismo, resulta necesario entender que la confianza se construye mediante relaciones transparentes y sostenidas en el tiempo, y no solo con aportes económicos.
La responsabilidad social en el sector minero debe entenderse como un esfuerzo conjunto que involucra a empresas, Estado y ciudadanía. Más que acciones aisladas o estrategias de posicionamiento, requiere una visión de largo plazo orientada a promover el desarrollo de las comunidades mediante iniciativas coherentes, transparentes y alineadas con principios de sostenibilidad.
En ese sentido, generar confianza depende de actuar con convicción y mantener una colaboración permanente entre todos los actores involucrados. El desarrollo sostenible no puede construirse de manera individual ni responder solo a intereses particulares, sino que exige trabajar de forma articulada para crear valor compartido y contribuir al bienestar colectivo. ¿Qué medida consideras más urgente para construir una minería más sostenible, competitiva y responsable en el Perú? Déjanos tu opinión.
La responsabilidad social en la minería peruana requiere una visión de largo plazo que impulse el desarrollo de las comunidades mediante iniciativas coherentes, transparentes y alineadas con principios de sostenibilidad.
PhD y MSc of Philosophy por Maastricht School of Management, Países Bajos. MBA por la Universidad del Pacífico. Gerente de Logística de Minera Antamina. Ha desarrollado una exitosa carrera de más de 20 años en el área de compras y logística en el sector minero, en Minera Antamina y Southern Perú Copper Corporation.