Sostenibilidad universitaria: del discurso a la gestión

Sostenibilidad universitaria: del discurso a la gestión

¿La sostenibilidad en las universidades es una convicción real o solo parte del discurso institucional? 

Hoy, más que nunca, existe una brecha entre lo que se declara y lo que realmente se gestiona. Armando Casis, director de Sostenibilidad de ESAN, explora en este artículo publicado en Stakeholders cómo la sostenibilidad deja de ser un concepto atractivo para convertirse en un eje estratégico que impacta la formación profesional, la reputación y el rol de la universidad en la sociedad. 

 

Compartir en: FACEBOOK LINKEDIN TWITTER WHATSAPP

En los últimos años, la sostenibilidad se ha vuelto parte habitual del lenguaje de las organizaciones. Empresas, gobiernos y universidades hablan con frecuencia de desarrollo sostenible, transición energética o responsabilidad social. Sin embargo, desde la gestión universitaria uno advierte que todavía existe una brecha importante entre lo que se declara y lo que realmente se gestiona. 

En el caso de las universidades, esta reflexión resulta especialmente relevante. Las instituciones de educación superior no solo administran campus, programas académicos o presupuestos institucionales. También forman a los profesionales que en pocos años estarán tomando decisiones en empresas, instituciones públicas y organizaciones sociales. Por ello, la manera en que una universidad comprende y practica la sostenibilidad tiene efectos que van mucho más allá de su propio campus. 

En las universidades privadas aparece además un elemento adicional. La sostenibilidad financiera es naturalmente una condición indispensable para su continuidad. Pero justamente por eso surge una tensión interesante: cómo evitar que la sostenibilidad se convierta simplemente en un concepto atractivo para la comunicación institucional y lograr que forme parte de la manera en que se toman decisiones. 

La experiencia muestra que la diferencia está en la gestión. Cuando la sostenibilidad se integra en la planificación estratégica, en los indicadores institucionales y en la cultura organizacional, deja de ser un discurso para convertirse en una práctica. Pasa de ser una declaración de principios a una forma concreta de orientar decisiones. 

Indicadores reputacionales como Merco ayudan a observar este cambio. Cada vez es más evidente que la reputación de las organizaciones ya no depende únicamente de resultados económicos o posicionamiento de marca. También pesan cada vez más variables relacionadas con ética, sostenibilidad, impacto social y calidad de la gobernanza. 

Esta evolución también alcanza a las universidades. Hoy no basta con tener buenos programas académicos o una trayectoria institucional sólida. Las instituciones de educación superior son evaluadas cada vez más por la manera en que contribuyen al desarrollo de la sociedad. 

En ESAN, por ejemplo, hemos ido comprendiendo que la sostenibilidad universitaria no puede reducirse a iniciativas aisladas ni a programas exclusivamente ambientales. Su verdadero valor aparece cuando se conecta con la misión académica de la institución. 

Esto implica reflexionar sobre la formación de los estudiantes. Hoy resulta difícil imaginar profesionales que puedan desenvolverse en el mundo contemporáneo sin comprender los desafíos sociales, ambientales y éticos que atraviesan la economía y las organizaciones. 

Integrar la sostenibilidad en la formación universitaria no significa simplemente añadir nuevos cursos al currículo, sino fomentar una mirada más amplia sobre el impacto de las decisiones profesionales. Pero quizás el aspecto más importante sea la relación de la universidad con su entorno. 

Cuando la investigación, la innovación y la formación profesional logran conectarse con los desafíos reales del país, las universidades pueden convertirse en actores relevantes para el desarrollo sostenible. En ese proceso, la universidad deja de ser un espacio académico relativamente cerrado y se transforma en una plataforma de conocimiento que contribuye activamente al desarrollo de la sociedad. 

La sostenibilidad universitaria, en definitiva, no se construye únicamente con declaraciones institucionales. Requiere coherencia, decisiones de largo plazo y una cultura organizacional que la respalde. Al final, la sostenibilidad universitaria no se define por lo que las instituciones dicen sobre sí mismas, sino por el tipo de profesionales que forman y por el impacto que esos egresados generan en la sociedad. Allí es donde realmente se juega el valor de una universidad.