
El fortalecimiento de la Superintendencia Nacional de Salud (Susalud) ha reabierto el debate sobre cómo mejorar la supervisión y la calidad del sistema sanitario peruano. Guillermo Alva, profesor del Programa de Alta Especialización en Gerencia de Servicios de Salud de ESAN, analiza en Infobae por qué esta reforma debe priorizar la independencia del organismo, el fortalecimiento de las instituciones prestadoras de salud y la protección de los derechos de los pacientes, antes que apostar por medidas como el control generalizado de precios.
En los últimos días, se ha debatido el fortalecimiento de la Superintendencia Nacional de Salud (Susalud). Se trata de una reforma necesaria, pero que debe implementarse con criterio técnico para generar el verdadero impacto en la salud de la población. Estoy de acuerdo en que:
No estoy de acuerdo con la regulación o control general de precios en salud, ya que la evidencia internacional muestra que puede generar menor oferta, menor inversión y deterioro en la calidad, entre otros efectos negativos. Al mismo tiempo, existen mejores herramientas para corregir fallas de mercado, como transparencia de información, supervisión de calidad, compras estratégicas del Estado, portabilidad y comparabilidad de seguros, y mecanismos de pago por desempeño.
Un punto clave que no debemos perder de vista es que las Iafas privadas cubren solo a una parte minoritaria de la población peruana. Por ello, una mayor regulación sobre este segmento no beneficiará de manera necesaria a la mayoría de los ciudadanos.
El gran desafío del Perú está en fortalecer nuestras Ipress, sobre todo las públicas. Para lograr un verdadero impacto poblacional, se requiere:
El fortalecimiento de Susalud constituye una buena decisión, pero su rol debe centrarse en proteger los derechos del paciente, supervisar la calidad, ordenar el sistema, generar transparencia y sancionar lo que corresponda. No debe centrarse en intervenir de forma directa en precios de manera general. La reforma debe ser técnica, progresiva y centrada en el paciente. El objetivo no es tener más regulación, sino mejorar el sistema de salud.
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