
En un contexto de creciente desencanto político y normalización de la corrupción, surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué responsabilidad tienen los ciudadanos en el deterioro del sistema? Este artículo reflexiona sobre el rol de la sociedad frente a las reglas del juego democrático, la tolerancia al cinismo y la necesidad de recuperar la capacidad de influir más allá del voto.
Hace unos meses, en un chat empresarial, surgió una conversación incómoda, pero necesaria: ¿hasta cuándo vamos a normalizar que personas cuestionadas sigan capturando espacios de poder mientras la ciudadanía observa, comenta… y luego continúa como si nada?
La conversación comenzó hablando de corrupción, de ministerios copados, de compras direccionadas y del dolor humano real detrás de cada acto impune. Pero terminó tocando algo más profundo: las reglas del juego. Alguien dijo: “Las reglas las hacen los políticos. No podemos cambiar eso”. Y quizá ahí está una de las creencias más peligrosas que hemos aceptado como sociedad. Porque las democracias no se degradan solo por malos políticos. También se degradan cuando los ciudadanos entregamos nuestra capacidad de influir y terminamos convencidos de que nuestro único rol es elegir, cada cierto tiempo, entre opciones que no nos representan.
Hoy, frente al desencanto que muchos sienten con el escenario político peruano, vuelve a aparecer una idea incómoda: ¿qué pasaría si una parte importante de la ciudadanía decidiera dejar de validar el sistema tal como está?
No hablo desde la rabia ni tampoco desde la resignación. Hablo desde una reflexión que creo que debemos atrevernos a tener con madurez: ¿qué mecanismos ciudadanos reales tenemos para decir “basta, así no va más”?
Durante años hemos discutido candidatos. Quizá llegó el momento de discutir también el estándar ético mínimo que una sociedad está dispuesta a tolerar. Porque el problema no empieza cuando alguien corrupto llega al poder. Empieza mucho antes: cuando normalizamos el cinismo, cuando dejamos de exigir mérito, cuando creemos que nada puede cambiar y cuando el ciudadano honesto se retira de la conversación pública porque “la política da asco”. Y no. La política no debería dar asco. La política debería ser una de las expresiones más elevadas de responsabilidad colectiva.
También vale la pena preguntarnos qué legado estamos dejando a los jóvenes y niños que todavía no votan. ¿Queremos enseñarles que la democracia consiste simplemente en resignarse a elegir “el mal menor”? ¿Que conformarse es madurez? ¿Que no hay nada que hacer frente a un sistema que perdió legitimidad para muchos ciudadanos? Porque nuestra responsabilidad no termina en el voto. También está en lo que normalizamos, en lo que toleramos y en lo que transmitimos como posible a las siguientes generaciones.
Tal vez el verdadero cambio de reglas no empiece en el Congreso. Tal vez empiece cuando una masa crítica de ciudadanos decide dejar de actuar como espectadora y recupera consciencia de su poder. No para destruir el sistema, sino para recordar que el sistema existe para servir a la sociedad, no al revés.
No tengo todas las respuestas. Pero sí creo que las preguntas correctas importan. Y quizá una de las más importantes hoy sea esta: ¿qué estamos dispuestos a dejar de normalizar como ciudadanos del Perú?
Mónica Castañeda Ferreira
Fundadora de YUPPY, personas lideres, personas integras. “Donde puedes aprender lo que te gusta y desaprender lo que no te gusta”. (2000). Creadora de programas innovadores de autoconocimiento y activación de niveles elevados de consciencia.
Certificada y especializada en:
Curso Progresivo e intensivo - Joe Dispenza 2024 (Basilia - Suiza)
Programa de Consciencia Cuántica – Theresa Bullard 2024 (Júpiter – USA)
Retiro Avanzado - Joe Dispenza 2023 (Cancún - México)
Título de Gerencia Administrativa (Paraguay)
Especialidad en Terapia Familiar Sistémica (Perú) (USA)
Embajadora por la Paz de UPF, Naciones Unidas.
Creación e Implementación de Programa Conciencia Familiar con Fred Kofman, vicepresidente de desarrollo humano de LinkedIn.
Autora de la Serie “Cuentos chicos para Ser Grande” – Editorial San Pablo y “Mi mama tiene la culpa” pautas de autoconocimiento – Editorial Planeta.
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