La necesidad de fortalecer el planeamiento estratégico gubernamental

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Para asegurar el bienestar de una sociedad de forma sostenible, resulta imprescindible que un Estado cuente con visión a largo plazo dentro de la gestión de los bienes públicos. Entonces, cabe preguntarse: ¿Cómo se viene dando esto en el Perú?

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La efectividad en organizaciones complejas como las del sector público se debe, en gran parte, a una orientación al largo plazo y a la fortaleza institucional de los organismos gubernamentales. Cuando la institucionalidad es débil y no existe tal visión, prima solo el criterio del individuo que dirige la organización, lo cual garantiza, casi siempre, malos resultados. Basta mirar a países africanos con Estados fallidos, donde se gestiona para el día a día, se ejecuta discrecionalmente el presupuesto público y la palabra del caudillo es ley.

En el Perú, en el año 2005, el Foro de Acuerdo Nacional corrigió uno de los principales errores de la Reforma del Estado de los años noventa: la desactivación del Instituto Nacional de Planificación (INP), que provocó la irrecuperable pérdida del vasto conocimiento y las capacidades que durante décadas se habían acumulado. Una de las más relevantes recomendaciones del foro fue crear el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan), lo cual nos permitió tener después de muchos años, en 2011, un Plan Estratégico de Desarrollo Nacional (PEDN), el Plan Bicentenario, que representó un hito en el renacer de nuestro planeamiento estratégico.



La sociedad en general y la gestión pública en particular representan sistemas muy complejos, en donde no se puede alcanzar objetivos sin, en primer lugar, meditar sobre la naturaleza de los problemas que enfrentamos y su profundidad.

Un segundo hito, más silencioso, se produjo años más tarde con la Directiva N° 001-2014-CEPLAN, conocida como "Directiva General del Proceso de Planeamiento Estratégico", y las subsiguientes guías metodológicas que se emitieron entre 2014 y 2015 de análisis prospectivo, de la fase estratégica y la fase Institucional. Toda esta documentación nos proporcionó el método que hacía falta al sistema.

Como sabemos, la estrategia es un arte, pero el planeamiento es ciencia y la parte esencial de la ciencia es el método. Por eso fue importante que, a partir de esos años, todos los sectores y gobiernos regionales siguieran un mismo método para elaborar importantes documentos de análisis prospectivo, planes estratégicos sectoriales multianuales (Pesem) y planes estratégicos institucionales (PEI).

Este avance quizá no fue muy mediático, pero fue un paso importantísimo en la administración pública, pues por primera vez los objetivos y resultados a alcanzar se expresaron en un mismo idioma. A futuro, esto nos permitirá conversar mejor y, por consiguiente, articular. Sin esta articulación: ¿cómo podríamos hacer gestión del territorio y prevenir desastres naturales? ¿Cómo aprovechar las ventajas competitivas regionales o solucionar el caótico tráfico de Lima? ¿Cómo comparar el beneficio social de los proyectos de Inversión en diferentes sectores? En todos estos casos la acción gubernamental debe ser transversal y para ello se requiere que los planes del gobierno nacional, así como los gobiernos regionales y locales,  estén relacionados.

El proceso iniciado en 2014 por Ceplan no es perfecto, claro está, pues en varias oportunidades ha presentado defectos y carencias que resultan ineludibles dentro de un tema tan complejo. Sin embargo, es preciso recordar que lo más importante  es contar con un planeamiento que perdure en el tiempo y cuya continuidad sea respetada por funcionarios públicos capacitados y motivados. Lamentablemente, este gobierno parece no estar trabajando bajo esa premisa. Sin razones conceptuales o metodológicas de por medio, ni justificación alguna, se ha derogado la Directiva N° 001-2014-CEPLAN, truncándose lo aprendido hasta la fecha y dejando fuera de vigencia decenas de planes estratégicos ya elaborados.

Por otro lado, es preciso señalar que esta falta de interés no corresponde solo a la actual gestión. Deberíamos preguntarnos también por qué, en julio del año pasado, el gobierno saliente no aprobó la propuesta de actualización del PEDN presentada por el Ceplan. Sumado a este hecho, el gobierno entrante no ha emitido, hasta la fecha, normas para que la inversión y el gasto público se orienten estratégicamente hacia el largo plazo. Se priorizan la programación presupuestal y el equilibrio de las cuentas fiscales, y no la creación de valor público que tenga un efecto duradero en la vida de los peruanos.

La sociedad en general y la gestión pública en particular representan sistemas muy complejos, en donde no se puede alcanzar objetivos sin, en primer lugar, meditar sobre la naturaleza de los problemas que enfrentamos y su profundidad. Solo así es posible analizar y sintetizar la realidad para comparar y elegir entre alternativas de solución que tracen un determinado camino. Esos conceptos tan importantes no deben, bajo ninguna circunstancia, quedar ajenos a la administración de un Estado.

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