Tributación minera: buscando la eficiencia

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Una pregunta que debemos hacernos es si el Estado debe captar más recursos del sector privado cuando éste atraviesa por tiempos de bonanza, o si debe permitir que las empresas inviertan esos recursos en forma adecuada, principalmente en infraestructura pública.

Hay quienes sostienen que se debe aumentar los impuestos a las empresas mineras porque obtienen sobreganancias gracias a los precios extraordinarios que alcanzan los metales en el mercado internacional. Pero yo me pregunto, desde ese razonamiento: ¿y por qué no a las empresas pesqueras, cuando sube el precio de la harina de pescado?, ¿y a las azucareras cuando sube el precio del azúcar? Desde otra óptica: si los precios de los metales caen por debajo de su costo de producción, ¿debería el Estado subsidiar a las compañías mineras?

El precio del café está elevado y enhorabuena que así sea, pero ¿qué debemos estimular? ¿Que los cafetaleros inviertan en reemplazar sus cafetos antiguos por nuevas plantaciones para obtener en adelante mejores cosechas? ¿O les aplicamos un impuesto a esas ganancias extraordinarias? Debemos tener en cuenta que el precio del café no se mantendrá alto siempre, y que más adelante los agricultores cafetaleros necesitarán mayores cosechas para compensar la menor cotización del aromático grano.

Los sectores productivos tienen diferentes dinámicas en sus precios y por tanto en sus márgenes y en su capacidad de acumulación de capital. El agro de la sierra se descapitaliza porque los precios de sus productos son muy bajos. Los campesinos peruanos prácticamente subsidian a las ciudades. La política tributaria debiera tener, en consecuencia, un carácter redistributivo. Nosotros no nos oponemos a ello y más bien saludamos que así sea mediante el impuesto a la renta y del cual sale el canon minero, que dicho sea de paso crece en montos absolutos cuando las utilidades de las empresas aumentan.

La razón por la cual hoy día la minería peruana se beneficia de los altos precios es porque desde la década de los noventa se hacen grandes inversiones en el sector y en consecuencia actualmente los volúmenes de producción son mucho mayores a los de hace 20 años. No me cansaré de usar ejemplos como el de Antamina, que se descubrió el año 1950 y entró en producción el año 2001; Yanacocha fue explorado por muchas veces durante todo el siglo XX y entró en operaciones recién al terminar los 90; Cerro Verde fue privatizado en 1993 y se amplió el proyecto hacia el año 2005. Y así tenemos otros casos.

Winston Churchill decía que no hay que ver a la empresa privada como la vaca a la que hay que ordeñar sino como el percherón al que hay que alimentar, porque la empresa privada tiene que jalar una pesada carreta que es la economía nacional. Como peruanos debemos pensar qué le conviene más al país: ordeñar o alimentar. Sinceramente, creo que mucho más le conviene al país alimentar a la empresa, hay que estimularla para que invierta y desarrolle más los recursos naturales.

También debemos establecer qué es más beneficioso para la sociedad: que los gobiernos locales y regionales y las empresas mineras inviertan los recursos en las zonas donde se generan, o que las empresas paguen al gobierno central para que éste luego destine esos recursos. Tengo la impresión que es mucho más conveniente que el sector privado asuma el liderazgo e invierta en función de las necesidades de una zona específica. Estamos de acuerdo en contribuir, pero veamos la forma más eficiente de hacerlo. Esto es muy distinto a decir que no queremos contribuir al desarrollo de las zonas donde operamos. ¿Cuál es la manera que usted considera más eficiente de invertir los recursos tributarios que provienen de la minería?



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