Toyota y el éxito del método Kanban

Publicado el 4 de Agosto 2015 a las 11:39 AM

A través del método Kanban, Toyota logró grandes mejoras en sus procesos de producción. Conozca los entretelones de la historia así como a la técnica que optimizó el rendimiento de una de las mayores empresas del mundo.

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En la década de los 50, Toyota implementó un eficaz sistema de producción que le permitió ganar notoriedad a nivel internacional y competir con prestigiosas empresas europeas y estadounidenses del mismo rubro.

Dicho sistema contemplaba la implementación de diversas técnicas, destinadas a reducir actividades y recursos que, lejos de aportar un valor al producto final, ocasionaban pérdidas en tiempo y dinero. Una de las técnicas empleadas fue el método Kanban, el cual consistía en el uso de tarjetas o carteles para dividir el proceso productivo en fases bien delimitadas y delegar la realización de labores de modo efectivo. Este sistema le permitió a Toyota mantener un mejor control de sus inventarios, organizar la producción al evitar la formación de los conocidos 'cuellos de botella' y mantener en alto sus estándares de calidad.

Para la creación del método Kanban, los líderes de Toyota se inspiraron en el funcionamiento de los supermercados. Estos suelen mantener un stock limitado en función de las necesidades de los consumidores. Los productos son repuestos en los anaqueles en la medida en la que son comprados. La empresa japonesa mantuvieron esta idea para crear un sistema en el que la producción se sostiene en base a los pedidos, evitando así los riesgos de sobreproducción. El mismo principio se utilizó para gestionar las labores de trabajo a través de la división del proceso en fases bastante delimitadas y de forma secuencial.  

El éxito del método Kanban ha sido tal que, en la actualidad, es  implementado por diversas organizaciones en ámbitos muy variados. Su uso ha dejado de ser exclusivo de los centros de producción y ha logrado instaurarse en las oficinas. Por ejemplo, algunas empresas han optado por el uso de  tableros de control para dividir sus tareas en tres fases básicas: pendientes, en proceso y finalizadas. De este modo se pueden delimitar las labores de cada colaborador y contribuir a una mayor organización de las obligaciones diarias.

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