
El pensamiento de grupo o groupthink implica -en la mayoría de las
situaciones- un grado de cohesión, un liderazgo fuerte, un conjunto de
preferencias u orientación y una tendencia natural a cuestionar las opiniones de terceros ajenos al grupo, señala Daniel Ayarza, profesor del curso Metodologías y herramientas para tomar decisiones gerenciales del 4 PEE de ESAN.
Esta situación, que podríamos reconocer como "espíritu de cuerpo" internamente acrítico, podría no ser canalizada correctamente si el grupo pierde la objetividad y su capacidad para adaptarse al entorno.
Según el profesor, los síntomas pueden apreciarse en: i) una percepción de invulnerabilidad; ii) racionalización; iii) censura a disidentes; iv) una implicancia de moral de grupo; v) una posible visión en base a estereotipos construidos; vi) una autocensura; y vi) una posible ilusión de unanimidad.
En consecuencia, para el profesor de ESAN, la pregunta correcta no es "¿cómo lograr que haya pensamiento de grupo en un equipo de trabajo?", sino: ¿cómo lograr un pensamiento de grupo autoconstructivo, flexible y adaptable a los diferentes contextos a los que el grupo es expuesto?
Seguidamente, Ayarza refiere que dicho pensamiento de grupo debe perfilarse de cara a maximizar las fortalezas del grupo y generar un valor tangible.
Respondiendo a la pregunta planteada, el profesor Ayarza señala que lo primero que se debe hacer es cambiar el enfoque de "grupo" por el de "equipo". Este nuevo enfoque implica, entre otros aspectos, permitir que la creatividad se convierta en un medio de innovación y mejora continua.
Y aquí es cuando la figura del líder del equipo adquiere una relevancia fundamental, pues debe "permitir y fomentar el intercambio libre e irrestricto de opiniones, recoger la pluralidad de cada miembro del equipo", dice el profesor.
Prosiguiendo con las cualidades y la labor del líder, Ayarza menciona que debe potenciar el análisis de las necesidades de manera objetiva e integral al contexto, aprovechar lo mejor de cada uno de sus miembros pero también atacar sus debilidades, y ser abierto a factores internos y externos bajo un enfoque asertivo y empático que, finalmente, decante en un equipo de alto desempeño en el cual el liderazgo se permute en función de las fortalezas de sus miembros.
En resumen, el líder debe conocer a los miembros de su equipo y explotar sus fortalezas en pro del objetivo global, puntualiza el profesor Ayarza.
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