
Se denomina "proyecto sostenible" a aquella iniciativa que tiene como finalidad lograr la prosperidad económica, la integridad del medio ambiente y la equidad social. En ese sentido, la evaluación de un proyecto sostenible se realiza "para identificar, evaluar y monitorear los posibles impactos del proyecto sobre terceros, los recursos naturales y el medio ambiente (externalidades positivas y negativas). Ello con el fin de realizar proyectos económica, social y ambientalmente sostenibles". Así lo indica Santiago Roca, docente del Diploma Internacional en Desarrollo Sostenible de ESAN.
La evaluación tiene como objetivo principal evitar, minimizar, reducir o controlar los impactos medioambientales negativos que resultan de una propuesta, señala el experto. "Sirven para el diseño de alternativas, la programación de nuevas actividades, la adición de medidas de protección y otras acciones". Para evaluar este tipo de proyectos se debe tomar en cuenta tres dimensiones que están vinculadas a la gestión de impactos: ambiental, social y económica.
A nivel ambiental, la evaluación mide la "la contribución a la conservación o mejora de los ecosistemas en los que se desarrolla el proyecto", sostiene Walther Reátegui, también docente de ESAN. A nivel social, el análisis se centra en la atención a grupos humanos más vulnerables con "oportunidades humanas, a través de empleo digno, salud, vivienda y educación", asegura el especialista.
La tercera y última dimensión, la económica, es mucho más compleja de medir. "Se deben de estimar los ingresos y costes a través del tiempo (con una tasa de descuento específica), tomando en cuenta las obligaciones estatales y el riesgo de la inversión, entre otras cosas, incluyendo los efectos del medio ambiente", indica Santiago Roca. Es decir, se toman en consideración los ingresos provenientes de actividades económicas para la conservación y uso racional de los recursos naturales, al igual que las mejores prácticas medio ambientales.
"No es sencillo trabajar la dimensión económica pues hoy se percibe más como gasto sin una contrapartida específica de ingresos. Esto significaría que la empresa sacrifica rentabilidad y sin rentabilidad no hay posibilidad de futuro", señala Reátegui. Para revertir esta creencia, el académico propone promover aquellos proyectos que tengan una "perspectiva de ingeniería económica, tratando de evidenciar las ganancias por eficiencia y por productividad provenientes de tecnologías ambientales en vez de continuar con tecnologías 'ortodoxas'".
Incorporando la evaluación ambiental no solo se toma en cuenta el beneficio privado del proyecto. También se evalúa si sus acciones aportarán al desarrollo de la población y al cuidado del medio ambiente. Así, se maximiza el beneficio de todo el ecosistema.
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Fuentes:
Entrevista a Walther Reátegui y Santiago Roca, docentes del Diploma Internacional en Desarrollo Sostenible de ESAN.
Gestiopolis. "Evaluación económica, social y ambiental de un proyecto cunícola en Cuba".
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