
La agricultura tradicional enfrenta un reto crítico de sostenibilidad operativa. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), el sector agroalimentario consume cerca del 30 % de la energía mundial. Ante este escenario, la adopción de fuentes renovables permite reducir la huella de carbono y transformar los costos energéticos en una inversión estratégica para el sector empresarial.
Un avance destacado es la técnica agrivoltaica, que propone el uso compartido del suelo. Los paneles solares elevados protegen los cultivos del estrés térmico y reducen la evaporación hídrica de manera significativa. Este enfoque dual maximiza la productividad por metro cuadrado y permite que las empresas agrícolas generen su propia energía limpia mientras mantienen su producción alimentaria.
La economía circular en el agro no se limita al reciclaje, sino que involucra un diseño sistémico de valor. Los residuos orgánicos, antes considerados desechos, se transforman en activos mediante la digestión anaeróbica. Este proceso genera biogás para autoconsumo eléctrico y digestato, un fertilizante orgánico que reemplaza a los químicos derivados del petróleo, para cerrar el ciclo de nutrientes.
Este modelo reduce la dependencia de insumos externos volátiles. En el 2022, el precio de los fertilizantes sintéticos aumentó un 150 %, lo que convierte la recuperación de nutrientes en una necesidad financiera. Al integrar energía y residuos, la empresa agroindustrial mejora su margen operativo y fortalece su posición competitiva en mercados internacionales exigentes.
La economía circular brinda dos beneficios clave a los negocios:
El modelo de la economía circular dejó de ser una teoría académica para convertirse en una realidad técnica que está presente en los mercados más avanzados. Dinamarca ya integra cerca del 25 % de biometano de origen agrícola en su red nacional de gas. Esta transición permitió a los agricultores diversificar sus ingresos y convertirse en proveedores estratégicos de energía limpia para el sector industrial y urbano. A su vez, Japón también cuenta con más de 2000 instalaciones operativas de solar sharing.
Estos proyectos demuestran que la seguridad alimentaria y la generación renovable pueden coexistir de forma rentable, incluso en territorios con espacio limitado. La evidencia confirma que la integración sistémica es el camino para la resiliencia del sector agropecuario global.
Cuadro 1: Comparativa de modelos de producción
Fuente: Elaboración propia.
La unión entre agricultura y energía renovable define el nuevo estándar de la agroindustria moderna. Al adoptar modelos de economía circular, las empresas no solo mitigan riesgos ambientales, sino que también optimizan su estructura de costos y aseguran su viabilidad futura. La tecnología ya está disponible, el reto actual es impulsar su escalabilidad estratégica en toda la cadena de valor. ¿Qué prácticas sostenibles has implementado en tu negocio? Cuéntanos tu experiencia.
Referencias
Al adoptar modelos de economía circular, las empresas agrícolas no solo mitigan riesgos ambientales, sino que también optimizan su estructura de costos y aseguran su viabilidad futura.
Ingeniero de Industrias Alimentarias por la Universidad Católica de Santa María de Arequipa. Magister Scientiae en Agronegocios por la Universidad Nacional Agraria La Molina. Magister en Administración Estratégica de Empresas por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Amplia experiencia en el sector agroindustrial, alimentos y bebidas, ocupando posiciones gerenciales en distintas empresas con énfasis en I+D, comercio exterior, operaciones y retail. Realiza actividades de consultoría en proyectos de inversión, desarrollos comerciales, planeamiento estratégico, competitividad y gobierno de personas con énfasis en empresas familiares. En los últimos años se ha especializado en agricultura orgánica, manejo de invernaderos, waste management y biotecnología aplicada al agro.
Los consumidores son responsables, en parte, de la pérdida y el desperdicio de alimentos, debido a ciertos hábitos de consumo que es necesario corregir. La otra parte de esa responsabilidad recae en los diversos actores de la cadena productiva.
Los factores principales que impulsan el desperdicio de alimentos en buen estado pueden hallarse en la propia producción agrícola, la poscosecha, el almacenamiento, el procesamiento y la venta al por menor.
El desperdicio de alimentos es un problema grave de impacto global, pero puede combatirse mediante el impulso colectivo de prácticas como agricultura regenerativa y la política de desperdicio cero.