Cumbre Río+20 y el reto de la responsabilidad social

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El 22 de junio culminó la Cumbre Río+20, evento que buscó un futuro más sustentable para el planeta. El problema más urgente a resolver fue el avance del calentamiento global y las graves consecuencias que ello acarrea en la pérdida del hábitat que amenaza a miles de especies animales y vegetales, incluyendo la especie humana.

Los resultados de la conferencia, que congregó a 193 gobernantes del mundo o sus representantes, no han satisfecho a la mayoría de países. Sobre todo porque la posición de los países más industrializados y más contaminantes del planeta, mediatizados por la crisis financiera, ha sido de poco compromiso respecto a las medidas urgentes que se deben tomar para reducir los niveles de emisión de los gases de efecto invernadero, contribuyentes principales al calentamiento global.

Asimismo, no se logró un consenso sobre la definición de economía verde y la forma de avanzar hacia su concreción. Sin embargo, paralelo a las discusiones oficiales de los representantes de los gobiernos, se desarrolló un sinnúmero de eventos y conferencias por parte de organizaciones de la sociedad civil, especialmente empresas, organismos no gubernamentales y activistas de gobiernos locales.

En estos eventos sí se tomaron acuerdos más precisos para ejecutar acciones de corto plazo que disminuyan los efectos del calentamiento global. Por ejemplo, impulsar la implementación de energías limpias en las actividades industriales y desarrollar prácticas de Ecoeficiencia como parte de la estrategia de Responsabilidad Social Empresarial.

Aquí queremos destacar la importancia de esa estrategia para actuar contra el calentamiento global, la cual se sustenta en los siguientes principios: 

  • Uso eficiente en la extracción de recursos naturales, buscando disminuir el desperdicio y los efectos negativos en el hábitat.
  • Uso de energías limpias que utilicen fuentes de generación no contaminantes: solar, eólica, hidráulica, gas.

  • Procesos productivos limpios que eviten la generación de residuos líquidos, sólidos y gaseosos que contaminen el ambiente y dañen la salud.
  • Prevenir o minimizar los impactos ambientales y sociales rediseñando los procesos de producción.
  • Disminuir los gastos por ineficiencia social y ambiental, asumiendo costos de mitigación y corrección de pasivos ambientales y sociales.
  • Prevenir o minimizar los conflictos sociales que afectan el normal desenvolvimiento de la actividad empresarial.
  • Fortalecer la imagen de la empresa y la calidad de sus productos, demostrando a sus clientes que saben llevar a la práctica los principios de la Responsabilidad Social Empresarial.

Si las empresas de los diferentes países del mundo -grandes, medianas o pequeñas- así como las inversiones públicas, se identifican con el enfoque de Ecoeficiencia y aplican desde ahora por iniciativa propia de responsabilidad social esos principios, sin necesidad de esperar las directivas o normas que emanen desde la administración central de los países, se podría avanzar con resultados importantes a corto plazo, en la lucha por disminuir el grave riesgo que implica el calentamiento global.

¿Qué comentario le merecen los acuerdos a los que llegaron las empresas en las reuniones paralelas a la Cumbre Río+20?



Esta entrada contiene un artículo de:
Federico Dejo
Doctorado en Sociología, Pontificia Universidad de Salamanca, España. MA, ESAN, Perú. Master en Planificación Territorial en función al medio Ambiente, Centro Internacional de Altos Estudios Agronómicos Mediterráneos, Zaragoza, España. Sociólogo, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú.
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