Evaluación de proyectos y la toma de decisiones

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La identificación y ejecución de proyectos es, en sí misma, una de las principales actividades a desarrollar por la administración de la empresa. En conjunto con la definición de la estructura de capital, que especifica la combinación deuda y recursos de accionistas, y la política de dividendos (cuánto y cómo pagarlos), son las decisiones que determinan la creación de valor a los accionistas.

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La evaluación de proyectos, que permite definir qué planes son o no rentables, se basa típicamente en la identificación y cuantificación de cuatro componentes: i) la inversión inicial, que incluye tanto los activos fijos como el capital de trabajo, ii) los flujos de caja después de impuestos en los períodos necesarios hasta alcanzar el horizonte de proyección, iii) un valor terminal y iv) una tasa de descuento que cuantifica la rentabilidad requerida y/o el costo de capital.  

El arte de la evaluación de proyectos está en cómo cuantificar y combinar los cuatro elementos mencionados, considerando el valor del dinero en el tiempo, la valoración de riesgos y los principios aplicables al análisis. Estos últimos representan una parte muy atractiva en el proceso de evaluación.  Cuando se entienden, puede notarse cómo son aplicables en un contexto mucho más amplio, y es su aplicación  la que hace valer la racionalidad financiera de cualquier tipo de decisión.  En otras palabras, la evaluación de proyectos enseña cómo deben tomarse decisiones desde la lógica financiera. 

Algunos ejemplos de cómo estos principios de evaluación de proyectos son extensivos a cualquier decisión se detallan a continuación:

Los beneficios de un proyecto están en función de los flujos proyectados.  El valor de una decisión, al igual que el valor de un activo, está en función de los beneficios futuros.  En algunos casos estos beneficios pueden incluir valores no solo en el corto plazo sino en el mediano y largo plazo.

Solo se ejecutan aquellos proyectos que deriven en beneficios netos.  Toda decisión que aplique la racionalidad financiera exige cuantificar beneficios netos.  Es decir, implica un contraste entre ingresos y costos, medidos en términos de flujos de caja y comparables con los riesgos, que son a su vez medidos como la tasa de rentabilidad mínima esperada y/o el costo del capital.   Las buenas decisiones, al igual que los proyectos rentables y sus  beneficios derivados, pesan más que los costos y riesgos incurridos.

Sumilla_Martinez.jpg Excluir los costos hundidos.  Al evaluar una decisión son irrelevantes los materiales, esfuerzos, recursos y tiempos ya invertidos.  Las ventajas a evaluar en una decisión solo están en función de las inversiones a realizar y los beneficios potenciales a futuro. 

Los proyectos se evalúan sobre su impacto marginal.  Al igual que los proyectos, las decisiones no son simples.  Suponen la realización de una evaluación conjunta, incluyendo diversos cursos de acción potenciales.  De esta manera los beneficios de una decisión deben ser medidos comparando al menos un escenario estático (defensor) y el 

Incluir los costos de oportunidad.  Este principio aplicable a la toma de decisiones presume considerar siempre cuáles son las alternativas disponibles.  Debe suponer como un costo la mejor alternativa no desarrollada implícita en la decisión.

Estos casos muestran que evaluar proyectos no solamente implica estimar flujos de caja.  Su uso continuo permite aprender a tomar decisiones desde un punto de vista financiero.  No es casual entonces la total coincidencia con otro tipo de decisiones.  Por ejemplo, valorar empresas es equivalente a evaluar los proyectos. No obstante, también se pueden evaluar con los mismos principios decisiones más comunes como atender o no ciertos calanes de comercialización, realizar una apertura o el cierre de un punto de atención, entre otros.

¿Puede usted pensar en otros tipos de decisiones que requieren la racionalidad financiera?



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Esta entrada contiene un artículo de:
William Martínez
International MBA por el IE, Madrid. Especialista en Finanzas e Ingeniero Industrial de la Universidad de los Andes. Ocupó el cargo de Jefe de Aseguramiento de Costos en Grival, Gerente de Proyectos de Bancafé y de consultor financiero independiente. Profesor del Diploma Internacional de Preparación y Evaluación de Proyectos de Inversión de ESAN.
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