¿Cómo ejecutar con eficiencia el presupuesto destinado al sector Salud?

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Durante el próximo gobierno será crucial que las fuerzas políticas tomen acuerdos para evitar la alta rotación de funcionarios en el sector y asegurar un gasto de mejor calidad, sobre todo, en fortalecer la atención primaria.

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La ejecución efectiva del presupuesto para el sector Salud es uno de los principales retos para el próximo Gobierno del Perú, a fin de afrontar con éxito a la pandemia de la COVID-19, más allá de la campaña de vacunación contra esta enfermedad. De los S/6700 millones que se gastaron en el 2010 se pasó a invertir S/24 300 millones en el 2020. Pese a este incremento, la calidad del gasto ha sido cuestionable y no parece que se hayan obtenido los resultados esperados. ¿Cómo solucionar este problema e iniciar una verdadera reforma del sector?

A pesar del impacto de la pandemia, al cierre del 2020 el Gobierno había ejecutado el 88.1 % del presupuesto asignado al sector Salud, cifra menor al 94.4 % ejecutado el 2019, según Ojo Público. Este problema puede deberse a la falta de capacidad de los gobiernos regionales y municipales para administrar los presupuestos asignados. Algunas regiones lograron ejecutar más del 90 %, mientras que otras se quedaron entre el 70 % y el 80 %.



Urge una gestión duradera y con gente muy competente.

La mayor parte de los gastos corresponde a los servicios en los centros de salud, es decir, la mano de obra tan necesaria para atender a los enfermos durante la pandemia. Durante el 2020, se registró un incremento notable en la contratación del personal médico, sobre todo, para suplir la mayor demanda y reemplazar a los médicos y enfermeras que tuvieron que irse a casa, por ser personas de riesgo. 

En el caso de los niveles de atención, se acostumbra a gastar más en la atención secundaria o terciaria. En este grupo, se encuentran los grandes hospitales y centros de salud. Sin embargo, las postas médicas y otros establecimientos más pequeños, que constituyen la atención primaria, se encuentran abandonados cuando podrían ser cruciales para impulsar la prevención de la población y evitar el colapso de los hospitales por la excesiva demanda, sobre todo, durante las olas de contagios.  

Otro factor negativo es la alta rotación de funcionarios a cargo del sector. Durante el año pasado, hemos observado constantes cambios de gabinete ministerial. Esta tendencia genera que sea imposible diseñar y, más aún, ejecutar un plan de trabajo a mediano plazo para el fortalecimiento de la atención primaria, entre otros objetivos. En ese sentido, hace falta mucho compromiso político para priorizar una política de cambios en el rubro, de cara a las próximas olas de contagios que estén por venir. 

De cara al próximo quinquenio de gobierno, es clave que todas las fuerzas políticas coincidan en que el sector salud necesita un cambio drástico y tomen los acuerdos necesarios para evitar cambios constantes de gabinetes. Urge una gestión duradera y con gente muy competente para llevarla adelante.

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