El error más común al evaluar inversiones: confundir la deuda con el capital propio

El error más común al evaluar inversiones: confundir la deuda con el capital propio

En todo proyecto de inversión, la tasa de descuento debe reflejar el mayor riesgo del accionista frente a la deuda. Al confundir este indicador con el interés bancario, aumenta el riesgo de destruir el valor económico real.

Por: Elliot Arteaga el 05 Marzo 2026

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En la evaluación de proyectos de inversión, la definición de la tasa de descuento es una de las decisiones más críticas y, de manera paradójica, una de las menos comprendidas de forma correcta. Con frecuencia, se asume que basta con que la rentabilidad de un proyecto supere la tasa de interés bancaria para considerarlo una buena decisión. 

Esta lógica no es correcta en un sentido conceptual y puede conducir a decisiones que aparentan ser rentables, pero que, en realidad, destruyen valor. Más allá de la técnica utilizada para construir la tasa de descuento, el error conceptual aparece cuando se equipara el criterio de evaluación de una inversión con la tasa de interés bancaria.

La pregunta que plantea este artículo es sencilla pero determinante: ¿Debe ser mayor la tasa de interés que cobra un banco o el costo de oportunidad del accionista? Desde una perspectiva financiera rigurosa, la respuesta es clara: el costo de oportunidad del accionista debe ser mayor. Cuando ocurre lo contrario en un análisis de inversión, no estamos frente a una oportunidad atractiva, sino ante una señal de mala interpretación del riesgo y el capital.

Riesgo y jerarquía del capital

Es prioritario comprender que no todos los proveedores de capital asumen el mismo nivel de riesgo. El banco presta dinero bajo condiciones contractuales que reducen su exposición: garantías, pagos predefinidos y derechos preferentes de cobro. El accionista, en cambio, asume el riesgo residual del negocio.

Si una empresa enfrenta dificultades financieras, entra en quiebra y liquidación. El orden es conocido: los acreedores cobran primero y el accionista, al final, si queda algo. En muchos casos, no queda nada. Esta asimetría explica por qué el capital propio es más riesgoso dentro de la estructura financiera de una empresa. Por esta razón, el dinero del accionista no puede exigir una rentabilidad menor que la deuda. A mayor riesgo, mayor también debe ser la rentabilidad exigida. 

Un costo real, aunque implícito

El costo de oportunidad del accionista representa el rendimiento mínimo que espera obtener por invertir su capital en una empresa o proyecto, en lugar de asignarlo a otras alternativas con riesgo comparable. Aunque no aparezca de forma explícita en los estados financieros, es un costo económico real. 

El tratamiento del capital propio como si fuera algo gratuito es un error común en la evaluación de proyectos. Como lo señala Aswath Damodaran, una empresa solo crea valor cuando los retornos generados superan lo que el accionista podría obtener en inversiones alternativas con un nivel de riesgo similar. De lo contrario, aunque la empresa muestre utilidades contables, crecimiento operativo e incluso expansión, el inversionista puede creer que su valor económico está en riesgo de desaparecer.

A menor riesgo, menor exigencia

La tasa de interés bancaria refleja el costo de la deuda. Es explícita, contractual y limitada. El banco no participa del potencial de ganancias extraordinarias del proyecto, su retorno está acotado al interés pactado. Además, cuenta con mecanismos de protección que reducen de forma significativa su riesgo. 

Esta diferencia estructural explica por qué la tasa de interés bancaria debe ser inferior al costo de oportunidad del accionista. Cuando en la evaluación de un proyecto se observa lo contrario, no se trata de una ventaja financiera, sino de una mala comprensión de los conceptos fundamentales.

La confusión en la tasa de descuento

En la práctica, muchos proyectos presentan una incoherencia clave. Se construye una tasa de descuento que combina el costo de la deuda y el capital propio, pero se subestima la rentabilidad exigida por el accionista o incluso se coloca por debajo de la tasa bancaria. Ello desvirtúa el criterio económico que debería guiar la evaluación.

Este error tiene consecuencias directas. Al usar una tasa de descuento incorrecta, el valor presente de los flujos se sobreestima y el proyecto parece atractivo cuando, en realidad, no lo es. El problema no está en los flujos proyectados, sino en el criterio utilizado para evaluarlos. Como advierten Richard Brealey y Stewart Myers, una tasa de descuento mal definida invalida todo el análisis de inversión, incluso si los cálculos están ejecutados de manera correcta.

Una señal clara de alerta

Cuando el costo de oportunidad del accionista de un proyecto es menor que la tasa de interés bancaria, no estamos ante una buena inversión, sino frente a una señal de alerta. Esta situación evidencia una mala interpretación del riesgo, una tasa de descuento mal construida y, por tanto, es probable que se trate de una decisión equivocada.

El accionista corre más riesgo que el banco y, por ello, su capital exige una mayor rentabilidad. El hecho de ignorar esta relación no es un tecnicismo menor: es una falta conceptual que conduce a malas decisiones de inversión. En gestión empresarial, no hay decisión sin costo y uno de los más altos es descontar mal el verdadero precio del capital propio. ¿Cómo calculas la tasa de descuento para los proyectos de tu empresa? Cuéntanos tu experiencia.

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Cuando el costo de oportunidad del accionista de un proyecto es menor que la tasa de interés bancaria, no estamos ante una buena inversión, sino ante una señal de alerta.

Elliot Arteaga

Ph. D. en Dirección y Administración de Empresas por la Universidad Complutense de Madrid (España). Magíster en Investigación en Ciencias Administrativas y MBA por la Universidad ESAN. Ingeniero Agrónomo por la Universidad Nacional Agraria La Molina. Actualmente se desempeña como Coordinador General del Instituto de Desarrollo Económico de la Universidad ESAN. Es profesor de posgrado en universidades de prestigio como ESAN y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Especialista en gestión estratégica, planes de negocio, emprendimiento, desarrollo económico, empowerment y agronegocios.

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