
En todos estos años de asesoría y auditoría, casi nunca he visto un departamento de tesorería que incluya un área de presupuesto, salvo en el caso de corporaciones y grandes grupos empresariales. En esa línea, también recuerdo que al inicio de cada clase pregunto a cada alumno: ¿Tienes presupuesto? ¿Lo comparas con el gasto real? Si no es así, entonces ¿para qué tienes presupuesto?
Así, podríamos continuar y evaluar la pertinencia de un presupuesto, herramienta necesaria para administrar una empresa, sobre todo si es operativo o maestro. También es práctico hablar de otros tipos de presupuesto, como el base cero, planteado por Peter Pyhrr, que debería aplicarse, por ejemplo, durante un cambio de Gobierno y después de un cambio radical o una reingeniería. El presupuesto base cero deja de lado la data histórica, los antecedentes, el cálculo con base en el histórico, etc. En su lugar, tiene en cuenta las metas establecidas por la alta gerencia y ubica los recursos para su consecución exitosa.
En nuestro curso Cómo Gestionar un Adecuado Planeamiento Tributario, explicamos cómo se mapea un negocio antes de realizarlo o cuando se producen cambios radicales en los procesos. Cada proceso mostrado en la cadena de valor se referencia con consecuencias tributarias. Así, se mapean las consecuencias tributarias de cada proceso y se mitigan los riesgos potenciales.
De igual manera, debemos enfocarnos en un presupuesto financiero y proyectar estados financieros (EE. FF.) con base en ratios meta de la empresa, como el apalancamiento, la rotación de capital de trabajo, el período de maduración o el ebitda. Entendemos que es una ardua labor: en corporaciones estadounidenses, los EE. FF. se revisan cada trimestre y se cierran en setiembre de cada año. Al cierre de cada mes, si fuera necesario, se amplía a un seven last days para que los EE. FF. puedan modificarse ante una emergencia que resulte en un cambio de las cifras mensuales presupuestadas.
Lo que conviene discutir en este artículo es la necesidad adicional de un presupuesto financiero clásico que incluya una proyección meta tributaria con base en los principales tributos, la renta, el impuesto general a las ventas (IGV), el impuesto temporal a los activos netos (ITAN), el drawback, etc. Es imposible separar el aspecto tributario del financiero en una economía como la peruana.
Lo ideal sería guardar el IGV cobrado en una cuenta, toda vez que no representa un ingreso para la empresa, y pagar desde ahí el IGV del mes. Sin embargo, este escenario es irreal y poco práctico, porque al total facturado se deben sustraer las compras y pagar el IGV con el dinero restante. Este monto debe ser presupuestado y ajustado cada trimestre, y es el primer dato que se debe determinar el mes siguiente, tal vez al tercer día. Así, la empresa tendrá suficiente tiempo para agenciar caja, si no la hubiera.
Otro punto clave es la estimación del mes idóneo para pedir la suspensión de pagos a cuenta de la renta. Esta es una buena opción para dejar de realizar pagos a cuenta, pero debe evaluarse en conjunto con el ITAN, la caja y el capital de trabajo, entre otros aspectos. Es necesario controlar este proceso en un Excel ligado a otros objetivos del presupuesto tributario.
Es importante considerar que todo préstamo financiero que genere intereses también constituye un escudo tributario. Así lo establece la normativa de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ya que se basa en el 30 % del ebitda tributario del ejercicio anterior y la parte no absorbida se traslada a ejercicios siguientes. Si no se utiliza hasta el cuarto año, se pierde el escudo fiscal.
Este es otro indicador que puede presupuestarse con un simulador hasta determinar el gasto por interés a usar en el ejercicio o hasta el horizonte futuro estimado. Asimismo, recomendamos endeudarse solo mientras el interés no supere la utilidad comercial. Si se tiene mapeado el interés, es posible determinar el capital, pero hay que afinar la simulación con esta última variable.
La estimación del factor de pago a cuenta de la renta es importante porque afecta la caja mensual. En este caso, el impuesto a la renta (IR) calculado (base imponible multiplicada por la tasa del 29.5 %) se divide por los ingresos totales (IT) de la empresa.
Si se quiere reducir el factor de pago a cuenta, también disminuye el IR calculado o aumentan los ingresos totales. Para bajar el IR, tiene que reducirse la base imponible, que proviene del estado de resultados proyectado. Al mismo tiempo, si se rebajan los ingresos, ello afecta la base imponible y el numerador del IR calculado dividido entre los IT. Es evidente que pueden usarse alternativas como postergar las ventas del año en curso al ejercicio siguiente o negociar anticipos de ventas que no se reportan como ingresos.
Si se toma en cuenta que las empresas requieren de capital de trabajo, es importante conocer los conceptos de aplazamiento y fraccionamiento. Ante una necesidad de financiamiento con la administración tributaria, es necesario utilizar el máximo aplazamiento posible y después fraccionar, pero considerando el riesgo potencial de interrumpir la prescripción tributaria.
En caso de una pérdida tributaria que está por vencer, es mejor evaluar la posibilidad de diferir un gasto, es decir, no devengarlo en el año corriente, sino dejarlo para el siguiente, en busca de utilidad que consuma la pérdida tributaria. Respecto al importe, puede ser el máximo usable antes de que se pierda y, si se llega a perder, hay que asegurar que se trate de un riesgo controlado y bien administrado. Esto también puede proyectarse mediante un control del consumo de la pérdida tributaria, a fin de conocer el importe necesario para el final del año corriente y así determinar la base imponible.
El gasto financiero en capital de trabajo debe utilizarse dentro del ciclo de operación del negocio, a diferencia del financiamiento de activos a largo plazo. El gasto financiero en capital de trabajo debe ser menor a la rentabilidad en ese ciclo de operación del negocio. Caso contrario, sería trabajar un producto para pagar el gasto financiero.
Un ejemplo de planeamiento tributario en el IGV es el de una importadora de productos tecnológicos. Supongamos que esta empresa factura USD 300 000 al año y su margen bruto fue del 20 %. Ello quiere decir que las compras constituyen el 80 % restante, equivalente a un aproximado de USD 240 000. En este escenario, las marcas exigen que se tenga tres meses de stock, lo que implica un crédito fiscal de aproximadamente USD 130 000.
Con estos datos, se puede dar cuenta del fino manejo tributario que debe tener el negocio para efectos del pago del IGV mensual. Por eso, es importante presupuestar, administrar el IGV y el pago a cuenta de la renta. Este sistema tributario es diferente al de la mayoría de los países. Por ejemplo, en Estados Unidos, no se contempla el pago del IGV porque el IVA se carga al consumidor final.
Un detalle adicional que considerar es la declaración y el pago de dividendos, siempre que la empresa cuente con un protocolo o una política centrada en este punto. Si la empresa pide un préstamo a la entidad financiera para pagar dividendos, estos no son deducibles de la renta, lo que implica la pérdida del escudo fiscal.
¿Hasta qué importe se puede pagar como dividendos? Una posible respuesta es el saldo resultante de restar el capital de trabajo, pero bajo las nuevas herramientas financieras y sin considerar como capital de trabajo el activo corriente menos el pasivo corriente. También es preciso considerar que, una vez aprobada la declaración del dividendo, este ya forma parte de la administración del capital de trabajo, al encontrarse en el pasivo corriente.
En un curso general de Administración del Capital de Trabajo, encontrarán varios papers arbitrados de reciente data y donde aún se estudia la estabilidad financiera y el capital de trabajo. Por ejemplo, el libro Fundamentos de administración financiera (2020), de Eugenef Brigham y Joel Houston, centra su análisis en los activos y pasivos corrientes y el ciclo de conversión de efectivo. Esos conceptos provienen desde la década de los 60. El concepto del ratio corriente se plantea como si los inventarios se vendieran al costo y que, con ese importe, se pagarían los pasivos corrientes. Incluso se considera de manera errada que el ciclo operativo del negocio es de doce meses.
Es evidente no solo la importancia, sino también la necesidad que una empresa trabaje un presupuesto, más aún dentro de una proyección y administración del capital de trabajo. El monitoreo del aspecto tributario es de extrema necesidad para que no afecte la caja con sorpresas y necesidades improvisadas respecto al capital de trabajo. ¿Cuán preparado está tu negocio para anticipar el impacto tributario en su flujo de caja y capital de trabajo? Cuéntanos tu experiencia.
Referencia
Mota, Y. (2024). Perspectives on working capital [Perspectivas sobre capital de trabajo]. Negotium, 20(58), 5-12. https://doi.org/10.5281/zenodo.15091515
La gestión empresarial exige integrar el presupuesto financiero y el tributario, ya que ambos inciden de forma directa en la caja y en la sostenibilidad del negocio.
Dr en Finanzas, MBA UQAM, Master Corporate Compliance, Perito RPEJ, Diplomado de Asesor Regional Tributario por Universidad Austral de Buenos Aires. Profesor de Maestrías en Perú y en el exterior.
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