El gas de Camisea: "un regalo de Dios"

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La explotación del gas de Camisea demuestra la inexistencia de una planificación energética nacional a largo plazo y las actitudes coyunturales gubernamentales en materia energética. Este gas se presenta como un recurso inagotable que podría reemplazar al petróleo y garantizar la independencia energética del Perú en las siguientes décadas.

La realidad es que el gas de Camisea representa una gran oportunidad para planificar un periodo transitorio en el largo proceso de transformación del modelo energético dependiente del petróleo hacia un modelo sostenible. Lo que no parece coherente e inteligente es liberarse de un recurso fósil para depender de otro recurso fósil. Un empleo eficiente del gas de Camisea podría significar la palanca energética necesaria para abordar la transición a un modelo energético con bajas emisiones de carbón en un periodo de 20-30 años.

El masivo empleo del gas de Camisea en el sector energético conduce a plantear una cuestión muy válida: ¿qué reemplazará al gas de Camisea dentro de 20-30 años? Como cualquier recurso fósil, el gas de Camisea tarde o temprano se agotará.

Un ejemplo real y nacional. En 1980, la producción nacional de petróleo superó los 70 millones de barriles anuales mientras que con toda probabilidad la producción del año 2011 no superará los 28 millones de barriles. Es decir, de exportadores a importadores en tiempo record. Los errores de la adicción al petróleo se están repitiendo en el proceso de adicción al gas de Camisea. El Perú no aprende las crueles lecciones de un pasado energético muy reciente.

La historia del gas de Camisea es ampliamente conocida en el Perú. En julio de 1981 la compañía Anglo-Holandesa Royal Dutch Shell firmó un contrato de prospecciones petrolíferas en los Lotes 38 y 42. En el mes de marzo de 1984, Shell descubre gas de Camisea en el pozo exploratorio San Martín 1, en el denominado Lote 42, que posteriormente se conformarían en los Lotes 88A y 88B.

Shell continúa con las exploraciones e informa del descubrimiento de gas en los pozos de Cashiriari y Mípaya. Las autoridades de la compañía petrolera anunciaron el descubrimiento de 8,8 billones de pies cúbicos de reservas probadas, lo que actualmente se conoce con 8,8 TCF, y 587 millones de barriles de líquidos de gas natural.

sumilla_camisea_1a.jpgEn 1988, la falta de acuerdo entre Shell y el Estado finaliza con el abandono de la transnacional europea del Proyecto de Explotación de Camisea que exigía una inversión de 2500 millones de dólares. Las inversiones en estos primeros años de exploración se valoran en unos 200 millones de dólares.

En marzo de 1994, la Compañía Shell firmó con Perupetro S.A. un convenio para realizar un Estudio de Factibilidad del Proyecto Camisea con el fin de evaluar el potencial de reserva, la viabilidad técnico-económica de la explotación y elaborar un plan de desarrollo.

En mayo de 1998, el consorcio Shell-Mobil inicia las negociaciones para un Contrato de Explotación. La inexistencia de un mercado en el Perú para explotar el gas obligó a Shell a priorizar la exportación del gas a Brasil. Asimismo, la negativa del gobierno de permitir el desarrollo de un proyecto integrado (exploración, extracción, transporte y distribución) motivaron el abandono del Consorcio de la segunda fase del proyecto. En esos momentos, la inversión acumulada en los estudios de evaluación y exploración del consorcio sumaban unos 500 millones de dólares, "un regalo de Dios". Y como suele ocurrir, lo que no te cuesta nada se derrocha o no se valora.

Un asunto al que no se suele prestar atención es que inicialmente el proyecto Camisea incluía los yacimientos de Mipaya y Pagoreni. La convocatoria del concurso público del nuevo Lote 88 excluyó los mencionados yacimientos del proceso de adjudicación. Así, el Estado se reservaba una parte de las reservas ante futuras situaciones imprevistas en relación al mercado interno.

En años posteriores, los yacimientos de Mipaya y Pagoreni, con reservas probadas de 2,8 billones de pies cúbicos y 225 millones de barriles de líquidos de gas natural, ahora denominado Lote 56 se entregan al Consorcio Camisea (el mismo del Lote 88), que los dedicará exclusivamente a la exportación. Para hacer viable la firma de un contrato de exportación, el gobierno autorizó un préstamo de 1,4 billones de pies cúbicos de gas del Lote 88. Se cedió parte del "regalo de Dios" y otra parte del regalo se prestó.

En febrero de 2000, un consorcio formado por Pluspetrol (Argentina, 36%), Hunt Oil (EE.UU, 36%), SK Corp (Korea, 18%) y TecPetrol (Grupo Techint, Argentina, 10%) obtuvo el derecho de explotar durante 40 años el Lote 88 de Camisea. Las regalías que debería pagar eran de 37,4% y la producción de gas se dedicaría exclusivamente al mercado interno. El proyecto era ahora viable porque el Estado garantizaba un mercado de consumo de gas al consorcio adjudicatario. La inversión esperada en la fase de explotación era de unos 630 millones de dólares.

Las garantías ofrecidas al consorcio adjudicatario por el gobierno para crear un mercado de consumo interno de gas, fundamentalmente en el sector eléctrico, refleja la falta de planificación y objetivos a largo plazo. La voluntad política del Estado favoreció la creación de un importante sector eléctrico gracias a una injustificable moratoria de construcción de centrales hidráulicas, y la financiación del ducto de gas hacia la costa a cargo de los consumidores a través de un peaje más conocido como garantía de red principal.

En la toma de decisiones sobre el empleo del gas de Camisea no existieron los mecanismos para plantear un debate a escala nacional y definir de manera democrática qué hacer y en qué consumir un "regalo de Dios para todos los peruanos". Tampoco se establecieron criterios de sostenibilidad y eficiencia en el empleo del gas de Camisea. Así el gas de Camisea se emplea actualmente de forma mayoritaria en el sector termoeléctrico con una ineficiencia energética realmente inexplicable.

La eficiencia de las centrales de ciclo simple apenas supera el 33%, el 67% restante son pérdidas de calor. Se desperdicia el "regalo de Dios" sin ninguna justificación técnica convincente. El sector transporte es también uno de los destinos del "regalo de Dios" y se usa masivamente en taxis, un signo de la incapacidad del Estado de promover empleo de calidad, pero sí negocios individuales y de pequeñas flotillas de taxis.

sumilla_camisea_2b.jpg Una muy significativa parte del "regalo de Dios" se exporta como gas licuado mientras muchas industrias carecen del gas para generar riqueza en el país. Riqueza entendida como creación de bienes y productos con valor añadido.

En resumen, y dejando de lado las malicias y corruptelas asociadas al proceso de adjudicación de los Lotes 88 y 56 de Camisea así como los discutibles anexos a los contratos de explotación, el Estado se ha encargado de avalar un negocio de exportación del gas, desatendiendo la creciente demanda interna, y de garantizar la creación de un mercado termoeléctrico ineficiente, creando una innecesaria dependencia eléctrica del gas.

No se priorizó la creación de un polo de industrialización petroquímico que permitiría darle un valor añadido al gas de Camisea, generando empleo de calidad, ni la creación de un polo de desarrollo de una industria siderúrgica para la obtención de hierro esponja, insumo para infinidad de aplicaciones. Sin duda, signos inequívocos de la inexistencia de una estrategia energética a largo plazo y una falta de visión de desarrollo sostenible del país. Un "regalo de Dios" que no llega a todos los peruanos y que no se emplea muy inteligentemente.

¿Qué acciones debería tomar el gobierno para aprovechar este "regalo de Dios"?



Esta entrada contiene un artículo de:
Alberto Ríos Villacorta
Doctor Ingeniero Industrial, Universidad Carlos III de Madrid. Ingeniero Eléctrico, especializado en Sistemas y Redes Eléctricas, Instituto Politécnico de Bielorrusia. Master en Energías Renovables, Universidad Europea de Madrid. 
Profesor Internacional de la Maestría en Gestión de la Energía de ESAN
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