La Pampilla: ni soberanía ni seguridad energética

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La refinería de La Pampilla es propiedad privada y por tanto son sus dueños quienes deberán dar solución a los infranqueables problemas que aparecerán en el corto plazo, entre ellos, y quizás el más importante, afrontar el proceso de modernización de la refinería.

la_pampilla_rios.jpg La Pampilla se ha convertido en las últimas semanas en el estandarte de la recuperación de la soberanía y seguridad energética para diversos analistas. De la noche a la mañana para algunos expertos el Estado Peruano y Petroperú se han transformado en excelentes empresas gestoras. Atrás quedó el sofisma neoliberal que dice que el Estado es incapaz de gestionar una heladería, menos una refinería.

El presente artículo pretende sustentar que con la compra del 51,3% de participación de La Pampilla no se incrementa ni la soberanía ni la seguridad energética.

El desgastado concepto de seguridad energética

El Perú sufre una grave adicción al petróleo. A finales del 2012, en el país se consumieron más de 200.000 barriles de derivados de petróleo al día y se produjeron apenas algo más de 65.000 barriles diarios. La brecha producción/consumo se hace cada vez más grande y es la principal causa de la dependencia e inseguridad energética del país.

La conclusión es directa e inmediata: para reducir la dependencia energética del Perú a la droga del oro negro es ineludible e imprescindible reducir el consumo de derivados de petróleo. No aumentarlo, ni fomentarlo, ni promoverlo, ni subsidiarlo, reducirlo.

El principal consumidor de los derivados del petróleo es el transporte urbano y de mercancías. La electrificación del transporte masivo en las grandes ciudades es un proceso que lleva décadas en Europa con la construcción de líneas de metro, tranvías y ferrocarriles urbanos e interurbanos.

Las experiencias de implementación de sistemas de transporte y movilidad sostenible son desde hace años una realidad y son experiencias reales de reducción de consumo de energía fósil. En el transporte de mercancías, la utilización de vías férreas permite un moderno, efectivo y seguro transporte de bienes de consumo entre ciudades y entre puertos y puntos de distribución y consumo.

Por tanto, la reducción del consumo de petróleo gracias a un Plan de Electrificación del Transporte Urbano y de Mercancías incrementa la seguridad e independencia energética del Perú. En lugar de continuar con una absurda adicción petrolera, la solución inteligente y correcta es desacoplar al Perú de la dependencia del petróleo con inversiones en infraestructuras ferroviarias y transporte, y movilidad sostenible. Independencia y seguridad energética es electrificación del transporte urbano y de mercancías y no compra y modernización de obsoletas refinerías.

Soberanía y refinerías obsoletas 

El petróleo es un recurso estratégico no renovable que pertenece al Estado. En los años de privatización se desmanteló Petroperú y se entregó la explotación de los lotes en producción y con reservas probadas a empresas privadas con desventajosos contratos para el país.

Petroperú se transformó en Refino-Perú, participando en un sector de la cadena petrolera con un ínfimo margen de ganancia. Después de más de una década de concesión de los lotes petroleros, las empresas privadas no han realizado las inversiones necesarias para incrementar las reservas. Es un secreto a voces que no invierten en pozos exploratorios porque no están seguras si continuarán con el suculento negocio petrolero con altos precios internacionales.

Soberanía es hacer cumplir los contratos y rescindirlos en caso de incumplimiento. En este caso, exigir explicaciones por la falta de inversiones de pozos exploratorios mas no en pozos de explotación. La reducción de la producción de petróleo nacional es un signo inequívoco del fracaso de la política petrolera privatizadora. Menos producción y más dependencia exterior.

La refinería de Talara, el principal activo de Petroperú, es muy entrañable, pero antigua y obsoleta. Las inversiones exigidas para su modernización pueden alcanzar los 4.000 millones de dólares. Esa inversión permitiría a Petroperú incrementar la producción de la refinería desde 65 mil barriles hasta 90 mil, producir combustibles limpios con un contenido de azufre de 50 partes por millón, en correspondencia con las normas internacionales y disponer de una unidad de tratamiento de crudo pesado proveniente de los lotes de la selva.

El costo de la modernización es simplemente inadmisible para el Estado Peruano. Más aún cuando la producción de crudo en el Perú se reduce de forma inexorable año a año. Independientemente del baile de cifras sobre descubrimientos, exploraciones, suposiciones, predicciones e inversiones en el sector petrolero, el Perú no es ni será un país exportador de petróleo.

Ante un escenario de reducción de la producción nacional de crudo convencional en los próximos años, la refinería de Talara trabajará exclusivamente con petróleo extranjero y el petróleo pesado de la selva amazónica, profundizando la independencia energética exterior del país en un escenario de crecimiento del consumo de derivados de petróleo.

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La modernización de la refinería de Talara se defiende por la irrenunciable necesidad que Petroperú garantice una mal entendida seguridad energética. Garantizar la producción de derivados de petróleo con el tratamiento de petróleo extranjero no se ajusta a una estrategia de despetrolización del país. Tampoco se puede defender con algo de seriedad que producir derivados de petróleo más limpios con crudo importado intensifica la seguridad o la soberanía energética.

En un escenario de reducción del consumo de petróleo gracias a una estrategia nacional de transición petrolera, basada en la electrificación del transporte público y de mercancías, el consumo interno de derivados de petróleo puede ser perfectamente asumido por un mercado competitivo nacional que importe los mencionados derivados y los venda a precios internacionales en los rentables grifos de distribución. Se lleva décadas funcionando bajo un régimen de importaciones de productos petroleros, no se entiende porque ahora el mercado no puede garantizar el consumo nacional en un escenario de despetrolización acelerada.

La compra de la refinería de La Pampilla duplicará los problemas de Petroperú. En este sentido, surge una pregunta maliciosa, ¿si La Pampilla es un negocio tan rentable porque Repsol ha decidido venderla? La realidad es que La Pampilla requiere de ingentes inversiones para poder adaptarse a las normas internacionales con menores contenidos de emisiones.

Inversiones que podrían alcanzar los 2.000 millones de dólares para la modernización de la refinería; es decir, la modernización de ambas refinerías exigiría invertir 6000 millones de dólares. Una millonaria inversión que sería mucho más rentable y causaría mayor impacto sobre la independencia y seguridad energética si se dedicase a la electrificación del transporte urbano y de mercancías y a la implementación de un Plan de Transporte y Movilidad Sostenible.

Escenarios futuros de la refinería de Talara y La Pampilla 

En un entorno de imparable reducción de la producción de petróleo nacional y elevados precios internacionales de los derivados de petróleo, no es rentable para una empresa estatal, sin participación en explotación, modernizar obsoletas refinerías. Ambas refinerías exigen un proceso de modernización que implica la inversión de importantes recursos económicos en un negocio con un horizonte de algunos años.

En un escenario de despetrolización entroncada en una estrategia de transición petrolera hacia un modelo desacoplado del petróleo tanto en el transporte urbano como en el transporte de mercancías, se deberá evaluar la necesidad de reconvertir la refinería de Talara en una biorrefinería. La empresa italiana ENI ha anunciado la inversión de 100 millones de euros en la reconversión de una refinería convencional de 80.000 barriles de producción diaria.

La producción de biocombustibles y otros productos químicos de origen renovable permitiría incursionar en un negocio con un futuro prometedor, mantener activo a un importante grupo de técnicos y especialistas petroquímicos y fomentar la participación de Petroperú en un mercado de biocombustibles. Una adecuada regulación permitiría fomentar el consumo de combustibles de origen renovable, desplazando las importaciones de derivados de petróleo en un escenario de desacoplamiento del consumo de petróleo.

Se entiende que en un escenario transitorio de reducido consumo de combustibles, convencionales y biocombustibles, la producción de biocombustibles de la biorrefinería de Talara se deberá ajustar a la demanda del transporte privado y de sectores críticos nacionales (defensa, salud, seguridad, grupos de reserva, etc.). Se pretende que en un futuro escenario de sostenibilidad energética la dependencia de los biocombustibles sea mínima.

La refinería de La Pampilla es propiedad privada y por tanto son sus dueños quienes deberán dar solución a los infranqueables problemas que aparecerán en el corto plazo, entre ellos, y quizás el más importante, afrontar el proceso de modernización de la refinería. Algo que parece improbable ya que existe la intención manifiesta de los actuales dueños de trasladar ese costo de modernización al Estado Peruano, disfrazado de un discurso de soberanía y seguridad energética.

El engaño se quiere justificar con el supuesto caramelo de unos muy rentables puntos de venta minorista de derivados del petróleo, los grifos, que como bien comentaba un analista, la venta del terreno daría mayores ganancias al Estado en pleno proceso de boom de la construcción, más no el negocio en sí.

Si Repsol o los nuevos dueños de la refinería de La Pampilla incumplen el inicio del proceso de modernización, la refinería deberá revertir al Estado. Inmediatamente después se debería iniciar un proceso de licitación internacional que exija un Plan de Inversiones de Modernización. Esta acción permitirá visualizar el verdadero interés del mercado en la mencionada refinería.

La participación del Estado en el rescate de una transnacional no se justifica y será un signo inequívoco de la mala gestión del dinero de los contribuyentes. No parece buen negocio vender barato y comprar caro y, más aún asumiendo deudas y compromisos ajenos.

¿Qué acciones considera importante tomar en cuenta para reducir la dependencia e inseguridad energética del país?



Esta entrada contiene un artículo de:
Alberto Ríos Villacorta
Doctor Ingeniero Industrial, Universidad Carlos III de Madrid. Ingeniero Eléctrico, especializado en Sistemas y Redes Eléctricas, Instituto Politécnico de Bielorrusia. Master en Energías Renovables, Universidad Europea de Madrid. 
Profesor Internacional de la Maestría en Gestión de la Energía de ESAN
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