Se reduce la brecha entre el campo y la ciudad

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Con la reducción de la pobreza rural lo lógico es que los presupuestos de asistencia directa se vayan reduciendo. No obstante, sucede todo lo contrario. El Estado debe invertir en obras que generen empleo, en educación y en investigación para el agro.

brecha_campo_ciudad.JPG La brecha entre el campo y la ciudad se está cerrando, de eso no hay duda, y el tiempo está jugando a favor. Aquellos que dicen que la brecha se acentúa están equivocados. Es evidente que no van a provincias, pero los que trabajamos en el interior del país y vamos para allá todas las semanas somos testigos de la realidad. 

El desarrollo regional y rural es más acelerado que el urbano y el capitalino, como bien lo ha sustentado Richard Webb en su libro "Conexión y despegue rural". 

Webb ha medido el desarrollo de los pueblos más alejados, donde los ingresos se han incrementado por los mejores sistemas de comunicación y viabilidad. El valor de las tierras y los ingresos de las familias están subiendo. Todo está documentado.

También es cierto que faltan muchas cosas, como la educación para aumentar la oferta de mano de obra calificada que demandan las industrias, las minas, entre otros. Hoy importamos profesionales. Vienen por ejemplo de España a buscar oportunidades, cuando hace años era al revés.

Por todo ello, no me gustan los programas sociales tal como están concebidos, a pesar de que en algunos espacios puntuales la gente extremadamente pobre requiere de asistencia directa por parte del Estado. Pero, desde el punto de vista lógico, si el Perú está creciendo económicamente y la pobreza se está reduciendo gracias al dinamismo de la economía, los programas sociales deberían estar reduciéndose, porque cada vez es menos necesaria la intervención directa del Estado. 

Sin embargo, a pesar de que en el país hay menos pobres, los presupuestos de los programas sociales se han ido incrementado, eso quiere decir que gente que no merece recibir estos apoyos asistenciales lo están haciendo. Me consta que mucha gente esconde sus gallinas cuando llega el inspector para fingir que son pobres extremos. 

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En lo que debe invertir el Estado es en la denominada inversión productiva, como carreteras o energía, porque son actividades que emplean mucha gente. Asimismo debe aumentarse el presupuesto en educación, tomando en cuenta que genera beneficios a largo plazo.

Gran parte del desarrollo peruano se debe a la agricultura, que es muy dinámica y activa. Pero particularmente por la industria exportadora de frutas y hortalizas de la costa que se ha tecnificado enormemente, adquiriendo tecnología del exterior: Israel, Chile, Estados Unidos o España. 

Lo ideal es un esquema más equilibrado; es decir, que también se genere tecnología dentro del país, porque no todos los sistemas extranjeros son aplicables a nuestra realidad. El Perú está muy rezagado en ese sentido. El Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) y La Universidad Nacional Agraria de La Molina no cuentan con los recursos necesarios. Las empresas agroexportadoras se ven obligadas a contratar especialistas del exterior muy costosos porque no desarrollamos capacidad de investigación aquí.

No solo se trata de aumentar recursos sino también capacidades. Felizmente cada vez más peruanos están interesados en la agricultura, principalmente en el sector privado. Actualmente, tenemos los mejores técnicos del mundo en espárragos y vemos grandes méritos en banano orgánico y uva de mesa.



Esta entrada contiene un artículo de:
Fernando Cillóniz
MBA de The Wharton School, University of Pennsylvania. Ingeniero Economista de la Universidad Nacional de Ingeniería. Presidente de Inform@cción, Director de Agrícola Tambo Colorado SAC, Gerente General de Chaska Energías Renovables SAC, y Presidente de Directorio de Corporación Miraflores S.A.
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