
Las empresas familiares priorizan proyectos con recuperación temprana para reducir riesgos y preservar su supervivencia, legado y riqueza socioemocional, aun si ello implica renunciar a mayores retornos financieros de largo plazo.
Existe evidencia académica y cierta creencia extendida de que, a diferencia de las grandes corporaciones, las empresas familiares tienden a pensar en el largo plazo. No obstante, esa afirmación suele llevar a una conclusión equivocada: que las familias deberían estar cómodas con proyectos cuyos retornos se materialicen recién en muchos años, es decir, con un alto periodo de recuperación o payback.
La realidad es más sutil e interesante: el largo plazo empieza por sobrevivir. Recordemos que la definición de empresa familiar especifica el deseo de los dueños actuales de legar su negocio a las siguientes generaciones. Esta meta constituye una fuente importante de riqueza socioemocional.
Consideremos dos proyectos con la misma inversión inicial. En el primero, la inversión se recupera en tres años y genera un valor actual neto (VAN) moderado. En el segundo, la inversión se recupera en cinco o seis años, pero genera un VAN mayor. Aunque la teoría financiera tradicional, que no ha sido pensada para este tipo de negocios, favorece al segundo proyecto, muchas empresas familiares eligen el primero.
Esta decisión, lejos de ser irracional, busca maximizar una función de utilidad distinta. Para una familia empresaria, el largo plazo no se alcanza mediante la aceptación de cualquier riesgo, sino al evitar eventos de quiebra o insolvencia que impidan la transferencia del negocio a las siguientes generaciones. La pérdida de la empresa por parte de la familia significaría perder valor económico y también riqueza socioemocional. Es decir, dolería el doble.
El periodo de recuperación no constituye una métrica de rentabilidad, sino una métrica de exposición. Un payback corto implica menos tiempo con el capital en riesgo; menor dependencia de escenarios políticos, regulatorios o macroeconómicos futuros; mayor capacidad de reacción ante crisis, y una menor probabilidad de decisiones forzadas (venta, dilución y renegociación). En entornos volátiles, como los que enfrentan muchas economías emergentes, estos factores pesan tanto o más que el VAN.
La preferencia de un proyecto con recuperación temprana no implica sacrificar el largo plazo, sino proteger el negocio. La idea es incrementar la probabilidad de supervivencia de la empresa familiar en el tiempo como un medio para preservar el legado. Las familias no rechazan flujos lejanos porque no crean en el futuro, sino porque entienden que, si no sobreviven los primeros años, el largo plazo nunca llegará.
El conflicto surge al escoger qué aspecto maximizar: el valor económico, el crecimiento, el VAN o los flujos futuros, a la vez que se acota la probabilidad de perder el valor económico y la riqueza socioemocional. Cuando el apellido, el patrimonio y la historia están en juego, muchas familias optan con plena racionalidad por la segunda opción. ¿Qué periodo de recuperación sueles manejar para los proyectos ejecutados por tu empresa? Cuéntanos tu experiencia.
La preferencia de las empresas familiares por los proyectos con recuperación temprana no implica sacrificar ganancias a largo plazo, sino que responde a su deseo de proteger el negocio.
PhD(c) en Administración y Dirección de Empresas de la Universidad Complutense de Madrid. Magíster en Finanzas, ESAN. Economista con especialización en Finanzas, Regulación Económica de las Telecomunicaciones y en Administración Bancaria. Experto con más de 10 años de experiencia en áreas financieras de empresas industriales y de servicios y en asesorías en financiamiento, reestructuraciones empresariales, evaluación de proyectos, valorización de empresas, procesos de compra–venta de empresas y en implementación de sistemas de planeamiento y control de gestión y/o de tableros de control estratégico (BSC). Ha elaborado y expuesto exitosamente planes de reestructuración patrimonial en INDECOPI..
En las empresas familiares, la ejecución de proyectos con menor valor actual neto puede responder a un interés por priorizar la supervivencia, la flexibilidad y la riqueza socioemocional, frente a la maximización financiera.
Las empresas familiares deben destinar parte de sus utilidades a modernizar equipos, digitalizar procesos, expandirse a nuevos mercados y fortalecer su capital de trabajo. ¿Qué riesgos conlleva esta reinversión?
Los activos pueden financiarse mediante préstamos de mediano y largo plazo o contratos leasing, pero es importante conocer los detalles de ambas modalidades para escoger la más adecuada, según la situación de la empresa.