
Hace unas décadas, existía la percepción de que los países más prósperos y mejor desarrollados eran los que acumulaban factores productivos como el capital y el trabajo. En ese sentido, la solución recomendada a los países subdesarrollados era invertir más en infraestructura, tecnología, maquinaria y otros activos y bienes tangibles, con el objetivo de aumentar su productividad.
No obstante, los profundos cambios económicos de los últimos años han demostrado que el conocimiento constituye un factor mucho más importante para aumentar la competitividad y el progreso de los países. Asimismo, el acelerado desarrollo tecnológico ha generado un cambio en la manera en que el conocimiento se incorpora a la actividad económica de cada nación.
El mundo se encuentra en tránsito hacia una economía del conocimiento, es decir, un sistema económico que emplea la información para generar valor y ofrecer a la población productos y servicios más eficaces para aumentar su bienestar. Junto a este nuevo panorama, han surgido tres retos clave para los gerentes empresariales modernos.
El conocimiento tecnológico y científico se vuelve obsoleto con mucha rapidez, lo cual puede generar incertidumbre o falta de seguridad en la data que nos brinda. Sin embargo, esta condición resulta ser positiva y deseable porque impulsa una labor investigativa constante y un entendimiento cada vez mejor de la realidad empresarial.
La obsolescencia progresiva del conocimiento y la multiplicación de posibles alternativas desafían a la gerencia a construir perfiles profesionales que se atrevan a tomar decisiones en condiciones de riesgo. Estas personas también deben ser capaces de buscar y escoger fuentes de información relevantes, creativas e innovadoras.
La maquinaria económica y empresarial antes se concebía como un ente independiente a las necesidades y la voluntad humana, pues funcionaba con base en sus propias leyes. En ese sentido, los cambios en el entorno ahora nos motivan a cuestionar qué acciones pueden favorecer más a todos los actores dentro de este sistema.
El desafío actual para el gerente es diseñar y organizar una empresa que no solo apunte a cumplir sus propios objetivos, sino también los de sus integrantes y de la sociedad. Para ello, es necesario preguntarse si pueden compatibilizarse el deseo de autonomía de la propia compañía con los anhelos de su fuerza laboral y de la comunidad en general.
En la literatura gerencial, por tradición, se cuestionan las acciones empresariales desde el cómo, dejando en segundo lugar el por qué y el para qué. Estos dos últimos cuestionamientos son necesarios para incentivar una reflexión verdaderamente crítica y necesaria para el progreso de la acción y el pensamiento en el interior de la organización.
Si una empresa no cuestiona sus acciones desde el por qué y el para qué, puede perder de vista el sentido de su labor y el fin para el cual se creó. El gerente debe tomar en cuenta estos aspectos si quiere evitar que la visión de su organización se cierre en torno a la idea de que “el fin justifica los medios”, que solo toma en cuenta el resultado final.
La economía del conocimiento hoy abarca campos tan variados como la educación, la investigación y el desarrollo de alta tecnología, las telecomunicaciones o la industria aeroespacial. Depende de la alta gerencia de las organizaciones tomar las acciones adecuadas para adaptarse a este nuevo escenario y apostar por un capital intangible que no ha dejado de crecer desde el siglo pasado.
Fuentes bibliográficas:
Coll, F. (2020). Economía del conocimiento. Economipedia.
Navarro, J. (2018). La economía del conocimiento. McGrawHill.
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