Valorización de empresas: fusiones y adquisiciones

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En el presente año se anunció una ola de adquisiciones de empresas, además de fusiones. Ante ello, algunas preguntas que saltan a la palestra son: ¿Esto es solo para grandes organizaciones? ¿Por qué a un emprendedor, a un empresario de una pequeña o mediana empresa que nunca ha hecho una valorización antes, le interesaría hoy?

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Gracias a la firma de diversos Tratados de Libre Comercio (TLC) con China, India y otros países, así como a la desaparición de diversas barreras comerciales (transporte, aspectos legales, entre otros), el Perú se convirtió en un país atractivo para realizar inversiones. Prueba de ello es que diversos tipos de empresas han ingresado a nuestro país para producir o comercializar sus bienes o servicios, los cuales tienen ventajas tecnológicas y economías de escala que benefician a los consumidores (nosotros).

Si bien gran parte de la población se ve beneficiada por la entrada de capitales extranjeros, es necesario analizar la situación de los pequeños empresarios peruanos. ¿Qué pasa con el dueño de la botica del barrio cuando se instala en una esquina una cadena de farmacias? ¿Qué pasa cuando el dueño del pequeño minimarket de la zona se entera que se va a instalar un Tottus express, un VEA o Metro cerca de su negocio? ¿Cómo lidian los textiles de Gamarra con una nueva fábrica? En todas las situaciones planteadas resulta obvio que los negocios de estos emprendedores, su patrimonio familiar y los ahorros de toda su vida corren grave riesgo.

En la actualidad, el ejercicio de valorizar una empresa implica dos grandes tareas: la primera es identificar cuánto vale hoy en día el esfuerzo, el trabajo y los bienes acumulados en años de esfuerzo. Con ello podremos, como decía Antonio Raimondi (y en muchos casos ocurre), verificar si "somos un mendigo sentado en un banco de oro". Es decir, si la rentabilidad que recibimos ahora, en relación al valor de nuestros bienes tangibles e intangibles, es tan baja que ganaríamos más dejando de trabajar, vendiendo nuestro negocio (a un inversionista que está dispuesto a pagar un competitivo precio por él) y ahorrando en una cuenta a plazos en el banco.

sumillas.jpgLa segunda tarea es determinar cuánta rentabilidad (valorización por rendimiento)  puede generar esta empresa si sigue funcionando. Esto implica un análisis integral de lo que podemos hacer para que la organización sea más rentable (de lo que es actualmente) y genere el mayor valor posible en los próximos años. También implica analizar nuestro mercado, clientes, competidores, entorno económico y social, el interior de nuestra empresa; cuestionar nuestra productividad, eficiencia, fortalezas y nuestra forma de organización. Asimismo, requiere hacer proyecciones, planificar, ver cómo está evolucionando el negocio, el mercado y preguntarnos si estamos en la dirección correcta o si debemos cambiar el rumbo. Esto nos permitirá tomar decisiones gerenciales y estratégicas claves en beneficio de los accionistas y colaboradores, logrando incrementar el valor de la empresa y la rentabilidad sobre el capital invertido.

El determinar el valor de una empresa nos permitirá acceder a mayores fuentes de financiamiento, a tasas más bajas y condiciones más óptimas. Al mismo tiempo, mejorará el poder de negociación con nuestros proveedores y clientes y nos ayudará a ser más eficientes y rentables. Además, los conceptos y herramientas de valoración de empresas harán que podamos identificar negocios y oportunidades de inversión rentables, así como los sectores estancados, de baja rentabilidad, tal vez en la declinación de sus vidas (del negocio y/o de sus propietarios), los cuales, mediante ajustes correctivos, redefinición de estrategias, mercados o herramientas de gestión empresarial, puedan duplicar o triplicar su valor en corto tiempo.

Para lograr ello, se utilizan los conocimientos teórico-prácticos de estrategia, mercados, valorización de empresas, escisiones, compras apalancadas fusiones y adquisiciones; a efectos que puedan utilizarse tanto en la actividad profesional como en la personal. En primer lugar, para generar valor en la empresa y poder defenderse de la competencia. En cuanto a la vida personal, para la toma de decisiones; maximizando la rentabilidad de las decisiones tomadas en inversiones y negocios propios.

¿Alguna vez ha hecho el ejercicio de valorizar su empresa? ¿Qué beneficios podría generarle hacerlo actualmente?



Esta entrada contiene un artículo de:
Enrique Cárcamo Cárcamo
MBA, ESAN, Diploma en Gestión y Dirección de Empresas, PUCP. Ingeniero Civil Colegiado,  PUCP. Consultor especializado en procesos de concesión de infraestructura. Amplia experiencia en el sector transportes.
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