Perú: la universalización de la salud es posible

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De cara al 2021, el acceso universal a la salud es una de las metas principales del Perú. Para lograrlo, se requiere el soporte de la e-Salud con los 40 millones de teléfonos móviles disponibles en el país.

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Cada año, 21.5 millones de peruanos presentan problemas de salud y más de la mitad no busca atención en los 20 000 centros de salud públicos y privados del Perú. Para completar la cobertura de la demanda por prevención y tratamiento de enfermedades, es necesario incorporar a la oferta de servicios de salud, un gran soporte de herramientas de alcance masivo, efectivas y eficientes, que son las tecnologías de información y comunicación (TIC). 

Con la progresiva conectividad disponible en zonas urbanas y rurales del país, las TIC en salud (e-Salud) pueden brindar máxima inclusión y cobertura (universalidad), mayor transparencia, eficiencia y eficacia (calidad y oportunidad), redes integradas y sostenibilidad (continuidad), personalización y participación (longitudinalidad y autocuidado). Son aspectos claves en la atención integral de salud de las personas en su curso de vida. 

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A más de veinte años de la llegada de la e-Salud al Perú, es imposible desaprovechar por más tiempo las oportunidades de su avance en telemedicina, e-Prevención, historia clínica electrónica (HCE), sistemas integrados de información en salud (SIIS), etc. Su consolidación y escalamiento debe viabilizar la transformación del sector y lograr la universalización de la salud a corto y mediano plazos. 

Oportunidades 

a) Telemedicina. Hoy, parece lejana aquella iniciativa piloto del proyecto de Enlace Hispano Americano de Salud (EHAS) que, en el 2000, implementó la telemedicina en el Alto Amazonas. A la fecha, en el subsector público, el Ministerio de Salud (Minsa) tiene cerca de 2 000 centros de salud como parte de su red nacional de telesalud; en la seguridad social el Centro Nacional de Telemedicina (CENATE) la viene implementando. En el subsector privado, desde el 2017, los seguros privados incluyen la teleconsulta en su cartera de servicios. 

Debido a la demanda creciente por atención de salud, sobre todo de baja complejidad, la telemedicina, en su modalidad directa paciente-médico, es la mayor posibilidad para extender su cobertura de manera costo-efectiva. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la considera una intervención válida y la misma, no está restringida por la Ley Marco de Telesalud del Perú.



A más de veinte años de la llegada de la e-Salud al Perú, es imposible desaprovechar por más tiempo las oportunidades de su avance en telemedicina, e-Prevención, historia clínica electrónica (HCE), sistemas integrados de Información en salud (SIIS), etc.

b) Intercambio e integración de información. La información de salud de un peruano se distribuye en tantas partes no integradas como la cantidad de centros donde se atención durante el curso de su vida; igualmente los sistemas de información de salud siguen fragmentados en el país. 

El uso de HCE y SIIS se encuentra en una etapa inicial, con mayor avance en grandes clínicas del subsector privado y solo dos hospitales públicos, curiosamente, a través de asociaciones público-privadas (APP). Progresivamente, el Minsa viene implementando la HCE en sus redes de servicios desde el 2017 y EsSalud desde el 2019. Además de la interface que permita el intercambio prestacional entre ambas redes, el proceso debe incluir blockchain e inteligencia artificial (IA) para maximizar el uso de datos para la toma de decisiones, un control transparente y menos corrupción. Así, todo peruano se atenderá de manera presencial en cualquier centro de salud, o "virtualmente" desde su teléfono móvil pues su información siempre estará completa y accesible 24x7. 

c) Prevención en salud. La vigilancia electrónica de enfermedades fue la abanderada en el desarrollo de la e-Salud en el país. A partir de la exitosa iniciativa privada del proyecto Alerta en el Minsa, en el 2002, esta fue adoptada y escalada en el ámbito nacional por la sanidad de las Fuerzas Armadas, sobre todo, en la Marina de Guerra, y constituyó la red nacional de e-Salud de mayor vigencia en el Perú. 

Otras aplicaciones validadas en la década del 2000 pueden empoderar a los peruanos en su autocuidado. A través de su teléfono móvil pueden recibir con frecuencia mensajes educativos vinculados a la salud, personalizados a su riesgo o enfermedad específica (hipertensión arterial u otra enfermedad relevante). De igual modo pueden recibir recordatorios para su toma de medicamentos o sus consultas. De ser el caso, también pueden recibir alertas para donación de sangre o posibilitar la ayuda entre pares. 

Opciones de financiamiento 

En el Plan Nacional de Competitividad y Productividad (PNCP), el segundo objetivo es el fortalecimiento del capital humano siendo la interoperabilidad de los sistemas de información y el despliegue de las redes integradas de salud (RIS), uno de los medios para alcanzarlo. 

Para el 2020, el presupuesto público en salud se ha fortalecido: se inició la transferencia de 1 600 millones de soles a las regiones para garantizar el aseguramiento, y se incluye 15 millones de soles para que el Minsa persista en implementar la HCE; de igual modo, EsSalud continuará esta tarea en su red nacional de servicios. 

Los proyectos de inversión en ejecución en salud también incluyen HCE y telemedicina. El Minsa dispone del Programa de Creación de la RSI (PCRIS) con financiamiento por 240 millones de soles para e-Salud. Su ejecución debe acelerarse este año este año con la construcción de tres centrales de datos en Lima, La Libertad y Huancavelica, aplicando la metodología BIM para optimizar el uso de esos recursos. En paralelo, con el resto del presupuesto asignado, es indispensable evitar un exceso de consultorías. Por ello, debe orientarse su uso, por ejemplo, a iniciar la gestión del cambio en este 2020. 

Gestión del cambio 

La e-Salud no es un fin en sí misma, sino una herramienta poderosa y disponible para la universalización de la salud. Su uso intensivo implica la transformación digital del sector, es decir, un cambio de procesos y de cultura en el personal de salud y en la población general. Por tanto, se requiere la gestión del cambio. 

Mediante el PCRIS y en el marco del Sistema Nacional de Transformación Digital (DU N° 006-2020), este año puede convocarse a la Academia y desarrollar tres líneas de acción de gestión del cambio: 

  1. Para el personal actual que labora en los servicios de salud.
  2. Reajustar el currículo del pregrado de las profesiones de salud, incorporando las competencias digitales en salud.
  3. El empoderamiento ciudadano para su autocuidado en salud. 

Desde el 2000, los proyectos de e-Salud han demostrado en el Perú que la gestión del cambio (sensibilización, empoderamiento y acompañamiento) es clave para forjar una ciudadanía digital en salud que implique la alfabetización digital (aprendizaje en el uso de las TIC) y la disposición cultural para su adopción. Ello debe ir de la mano con un manejo de la brecha generacional. 

Las universidades como Cayetano Heredia, San Marcos y ESAN, entre otras, pueden aportar a lograr estos objetivos, dada la envergadura de su alcance en el país. Sería un despropósito pretender que el Minsa, mediante su Escuela Nacional de Salud Pública (ENSAP) u otra instancia, se aboque a esta tarea, más allá del liderazgo que debe asumir y de integrar el accionar de la Oficina General de Tecnologías de la Información (OGIT), Digetel y de los Comités de Gobierno Digital en Salud. 

¿Qué otras acciones son necesarias para lograr los objetivos? Déjanos tu opinión.

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